Una separación necesaria

Una separación necesaria

miércoles, 10 de mayo de 2023

 

Te quiero. Pero no a mi lado.

9. Algo indeseado

Pasan los días, para Laura y Marian es como estar de luna de miel. Después del trabajo vuelan a meterse en la cama de Marian y hacer el amor. Laura consiente en quedarse alguna noche a dormir con ella. Se busca una disculpa con sus padres y acude a su encuentro. Desnudas, pero arropadas en la cama, se miran con pasión mutua y las miradas encendidas.

- ¿Te imaginas que esto fuese para siempre? - Comenta Marian.

- ¿Me estás proponiendo que vivamos juntas? - Le pregunta interpretando la frase anterior.

- ¡Ya me gustaría! Pero creo que eso todavía no es posible. ¿Verdad? -  Pregunta mirando con delicadeza a sus ojos.

- ¡Sí! Debo tener en consideración a mis padres. No creo que lo entiendan. Irme a vivir a un piso en el casco viejo y con una mujer. Debería de ser muy convincente. Aún no saben que amo a una mujer maravillosa, me resultará muy complicado explicarlo. - Relata en un tono un poco triste, mientras recoloca el pelo de Marian.

Algún día tendrás que hacerlo. Se merecen que seas honesta con ellos y… contigo misma. -  Marian habla con sabiduría. Laura entiende la importancia del mensaje. Pero le resulta duro pensar en decir a sus padres que ha descubierto que es gay y que está enamorada de Marian.

Me gustaría saber cómo se hace, y al mismo tiempo, evitar el sufrimiento, si no les gusta. No creo que mis padres me rechacen, y espero que no sea una catástrofe, no voy a hundirme si eso sucede, pero no quiero hacerles daño y tampoco pienso en apartarme de ellos. Intentaré hacer lo posible para que me acepten, pero si a pesar de todo no lo hacen, será una decisión muy dura a tomar, yo quiero seguir con mi vida buscando lo mejor para mí. – Laura trata de decir que, muchas de las cosas que consideramos terribles e insoportables, no lo son en realidad y podemos soportarlas, superarlas y ser felices a pesar de ellas.  - Lo hablé con mi hermano Paco, es el único que conoce mis sentimientos por ti. Me sorprendió. Me dijo que no te dejara ir, que un amor así no se puede dejar pasar, igual me arrepentía toda mi vida. Mis padres no sé cómo decírselo y cómo responderán, no quiero que se sientan mal por mí. -  Reflexiona en voz alta. Marian la mira y con cariño.

El momento llegará, lo sabrás porque, ese momento te encontrará a ti y yo estaré a tu lado para apoyarte. -

- Eres un amor. ¿Sabes? Tenía un pánico tremendo con este sentimiento. Huía de tu lado, tenía mucho miedo y ahora no puedo separarme de ti ni un instante. - Laura se siente relajada al lado de Marian. Se ha enganchado a su amor y vive feliz en su compañía. Ha perdido casi todos sus miedos, y se siente más a gusto. Marian disfruta de una paz que hacía tiempo no percibía. Laura colma sus expectativas sentimentales. Constantemente se planteaba que su vida seguiría el camino de las compañías intermitentes. Unas que se van y otras las sustituyen. Con Laura ha cambiado la perspectiva de su existencia. Cree que nada romperá ese amor que las vincula. Que un día podrán casarse, como sus amigas Carmen y Paloma y la idea de ser madres también podría cuajar. De repente vuelve a la realidad. Laura duerme apoyada en su hombro y abrazada a su cintura, ha descubierto la felicidad.

 

Una tarde después de darse una reconfortante ducha, Marian coge un paquete que tenía en una repisa del cuarto de baño y se lo entrega a Laura con una sonrisa.

- ¿Para mí? ¿Qué es? - Pregunta nerviosa.

- Ábrelo y lo sabrás. - Marian juega a las adivinanzas. Es una caja de cartón envuelta en papel de regalo con una etiqueta que tiene escrito “Con todo mi amor”. Laura rompe el papel y retira la tapadera.

¡Un albornoz! Amarillo clarito, ¡Me gusta mucho! - Rápidamente se lo pone y se mira en el espejo coqueteando con su figura.

- ¡Hay algo más! - Le dice Marian. Laura mira en el interior de la caja que la ha tirado al suelo y encuentra una bolsita de tela. La recoge y la abre, en ella hay unas pantuflas de tela muy apropiadas para el baño y a juego con el albornoz.

- ¡Como me gusta! Eres un cielo. -  Laura se expresa muy contenta y besa sus labios.

- Así te encontrarás como en tu casa. Solo te falta el pijama y el cepillo de dientes.

- El pijama puede esperar, nunca lo uso y a tu lado no me va a hacer falta. - Le dice con un tono socarrón. -  Mañana me traigo un cepillo de dientes y un frasco de mi perfume. - Le dice expresándose con agrado.  

 

El trabajo en la empresa sigue su curso natural. Cada cual con su cometido sin interferencias notorias. De vez en cuando el gerente pasea por los pasillos con el gesto malhumorado de siempre, alguien piensa que debe tener una úlcera de estómago y acidez continua. Todos sin excepción piensan que está amargado desde que su mujer e hijos le abandonaron. Nadie sabe la causa, pero se la suponen.

Desde el incidente en el despacho, Laura ni le mira a la cara cuando se cruza con él o acude a la recepción en busca de alguna cosa. Marina y Marian han decidido que a la hora de despachar debe hacerse a la luz de todos. Marina se lo exigió un día que se puso muy bronco y grosero con ella, incluyendo en la medida a Marian, ellas dos son las únicas que gestionan asuntos con él, en un día y hora señalada de la semana. Cualquier otra cosa que deban atender será por medio de su secretaria. Así que Don Fernando cuando se sienta en su mesa está solo, hasta su secretaria deja la puerta abierta cuando él la llama, o debe entrar con algún papel o expediente. La conducta irracional que despliega en su entorno le hace odioso a los ojos de todo el elenco de empleados. Parecía suficiente castigo para él, tener que sujetarse a las normas impuestas por los trabajadores, pero la paz no dura siempre, por un motivo u otro la estupidez y la maldad florecen de nuevo para complicarle la vida a todo su entorno.

A primera hora de la tarde Laura escribe algo en el ordenador tranquilamente cuando el gerente aparece por la entrada con signos de haber bebido algo más de la cuenta. Sin mediar palabra golpea bruscamente con la mano sobre el mostrador de recepción asustando a todo el que estuviera cerca. Por supuesto Laura la que más, había apartado la vista cuando él entraba. - ¡Don Fernando! Me ha asustado. - Le grita con la voz atemorizada. Él se ríe con sarcasmo, como si de una broma se tratase. Marian sale de su pecera al pasillo - ¡Es usted un estúpido malintencionado! - Laura continúa gritando y con los nervios a flor de piel.

- ¿Qué me has llamado? - La increpa, ella está a punto de empezar a llorar.

– Le ha llamado estúpido malintencionado. -  Le habla Marian.

- Al menos eso no es una mierda como ser bollera. - Espeta con brusquedad.

- ¿Por qué es tan grosero? - Le pregunta. 

- ¡Bahh! ¡Déjadme en paz! - Le dice haciendo aspavientos con los brazos y se esconde en su despacho.

- ¿Estás bien? - Marian le pregunta a Laura, ella se sienta con las manos temblando y casi llorando. Cierta palidez asoma en sus mejillas.

– Me ha puesto muy nerviosa. -  

- ¿Te preparo una tila? - Marian se ofrece.

- ¡Sí! ¡Por favor! - Marina se acerca.

- Yo lo haré. Cuida de ella. - Y se va al cuarto del café.

- ¡Gracias Marina! ¿Mejoramos? Respira hondo y despacio. - Marian toma su mano derecha con fuerza y Laura la aprieta igualmente. Con la respiración controlada consigue relajarse. Aparece Marina con la Tila caliente y se la ofrece. Laura recoge la taza. Marian puede comprobar que el temblor de sus manos casi ha desaparecido. Laura le da un sorbo y hace un gesto de desagrado.

- ¿No tendrías mejor un whisky? No me gusta nada este brebaje. -  Las tres ríen de buena gana. Se toma la bebida caliente y el calor interno la hace reaccionar positivamente.

- ¿Por qué me tienen que tocar siempre individuos de esta especie? – Se pregunta Laura. Marina ha regresado a su despacho y Marian escucha el lamento de su novia. – Es un botarate y un infeliz, nunca ha sabido arreglar sus problemas y es así, un insatisfecho. – Le responde Marian.

No soporto a esta clase de gentuza. Dejé de ser modelo por eso. Me acosaban continuamente. Me hacían sentirme mal cuando algún necio se me acercaba con esas pretensiones. Siempre me encontraba sola en esas circunstancias. Era una sensación de lo más desagradable. – Laura cuenta algo de su pasado que no quiere recordar.

- Ahora me tienes a mí, estoy aquí para ayudarte. ¿Tan difícil era ese mundillo? – Le pregunta con inocencia.

Ni te lo puedes imaginar. Un modisto muy famoso me acorraló en un vestuario, mientras me cambiaba de traje en medio de un desfile, estaba desnuda, no te imaginas la vergüenza. Intentó sobarme y me lie a bofetadas con él hasta sacarlo al pasillo a empujones. Después de aquello me desmayé. Afortunadamente mis compañeras me protegieron y no pasó nada. Me lo hizo pasar muy mal. Fue la gota que colmó el vaso. – Marian la mira atónita.

- ¿Fue entonces cuando decidiste dejar aquel trabajo?

- ¡Sí! – Responde con contundencia.

- ¿Por eso te has mareado antes? Percibes mal la violencia, aunque sea verbal. ¿Y el otro día? ¿Qué te pasó? Perdiste el conocimiento…-

- Ni una palabra a nadie, solo fue una broma de Manolín. Intentó agarrarme por el brazo y respondí de forma violenta dándole una bofetada. No lo hizo con mala intención, quizás mi respuesta fue exagerada. Después me pidió disculpas, es un poco brutito, ya sabes, pero es buena persona. – Le cuenta pidiendo que lo mantenga en secreto.

- ¡Está bien! -     

Marian regresa a sus tareas, por el pasillo se encuentra a Marina que le comenta que deberían hacer algo con este hombre. - No está en sus cabales. -

 

Laura recoge a Marian en la puerta de su casa. Acuden a un concierto en la Plaza de María Pita de la Orquesta de Galicia con un programa sugerente.  Es Laura la más melómana de las dos, Marian va aprendiendo a su lado como vivir este tipo de música que, aunque no le llama especialmente la atención, si suele disfrutar de ella. Laura la guía con las melodías y los compositores, le habla de los grandes clásicos y lo que ha supuesto la música para ella.

Van caminando, casi corriendo. Entran en la plaza y buscan un asiento. El Sol aún no se ha puesto y está presente en los soportales. Encuentran dos sillas en el ala izquierda de la plaza y se sientan.

El concierto resulta muy agradable y entretenido. A Marian le ha gustado mucho, no sabe si por la música o por estar con ella. Se levantan y le pregunta.

- ¿Y ahora qué hacemos? - Dice Marian.

Irnos a cenar. - Responde Laura. – Conozco un sitio aquí cerca que, aunque esté lleno, consigo una mesa. - Caminan por unas callejas del casco viejo hasta un bar existente en una esquina. Entran y está completamente lleno. Es de esos locales de poca fachada y mucho fondo, dos pisos de comedores y mucho bullicio. Laura se dirige a la barra y se da dos besos con alguien que parece el encargado. Por como gesticulan, a Marian le parece que no ha lugar. Regresa Laura con cara de circunstancias.

- ¿Qué pasa? – Pregunta intrigada.

No hay nada de momento. - Le cuenta que está esperando a un grupo de siete personas y que es la única mesa que tiene vacía.

– ¿Tomamos algo y esperamos a ver qué pasa? - Propone Marian. En ese momento se abre la puerta y aparece Paco, el hermano de Laura, con su mujer y tres amigos más, también conocidos de Laura. Después de los saludos protocolarios, es el turno de Laura que presenta a Marian como amiga y compañera de trabajo. En un momento dado Paco le pregunta a Laura en un aparte y en voz baja.

- ¿Es ella? - Lo dice como a escondidas. Laura ríe, mira hacia Marian y luego a su hermano. Con gesto serio pero la cara iluminada, responde.

- ¡Sí! - Enfatizando. Paco hace un gesto de satisfacción. Propone a Laura que se queden con ellos, que ha fallado un matrimonio amigo y hay dos sitios disponibles.

Debo consultarlo con Marian. - Marian no pone ningún problema y deciden quedarse. Cree que es un buen momento para conocer algo del entorno de Laura.

Acabada la velada salen a la calle y comienzan a caminar todos juntos, poco a poco se van espaciando entre ellos. Marian va platicando con dos de los chicos y Laura con Paco.

- ¿Has hablado con Papá últimamente? - Pregunta Paco a su hermana.

- ¿De qué tengo que hablar? - Cuestiona Laura.

– Veo que no. Tendrás que hacerlo un día de estos. Se ha fijado en tus cambios de humor y por lo que me ha parecido, también has cambiado de rutina. Pasas noches fuera. Se ha dado cuenta de esos cambios y está intrigado. Se preocupa poco porque te ve contenta, que por cierto podrías haberme dicho algo. - Le argumenta con seriedad.

- ¡Lo siento, me he olvidado de todo! Desde que estoy con ella el mundo no es lo mismo. Creo que he descuidado a la familia por lo que veo, no me he dado cuenta. Ahora, todo gira en torno a Marian y lo demás es como si no existiera. ¿Me entiendes? -  Paco la mira asombrado. 

Todas las enamoradas sois iguales. Esta no es mi hermana, es otra persona. ¿Qué has hecho con ella? - Bromea con Laura que acusa la gracia.

- ¡No seas así! No he cambiado solo estoy enamorada, sigo siendo la misma ¡Tonto! - Ambos estallan en sendas carcajadas. Marian, que camina unos metros por delante, se detiene a esperar a los hermanos que parece se lo están pasando en grande por las risas. Se acercan a ella lentamente.

- ¿Os veo muy contentos? - Laura besa su frente. - Me vengo aquí porque allí han empezado a hablar de futbol y es algo que no me interesa. - Comenta poniéndose al lado de Laura.

Mi hermano me regañaba porque dice que he cambiado. Y yo le digo que no, solo estoy enamorada, es el único cambio en mi vida. - Lo dice mientras le va echando el brazo por el hombro a Marian, ella la mira con algo de asombro y la abraza por la cintura. Laura ya acepta que esa forma de ir juntas no es algo que llame la atención y lo hacen con naturalidad.

Espero que sea para bien. Ser feliz es difícil, siempre hay piedras en el camino y el vuestro es de esos caminos complicados, encontraréis muchas dificultades. - Hay sabiduría en las palabras de Paco. Marian escucha complacida porque, de alguna manera, él está facilitando el camino a su hermana. Le percibe como cómplice. Ella sabe de esas dificultades que comenta Paco, las ha vivido en su familia. Por eso no fuerza a Laura, no quiere provocar una situación que le pueda resultar desagradable.

Pasa el tiempo después de salir del armario y finalmente vives la vida libre, sin complicaciones, sin tener que esconderte, pero, no todo es miel sobre hojuelas… Tener la confianza de confesar quién se es en realidad y decidirse a ser uno mismo, conlleva un montón de ideas retrogradas e incomprensiones que están en el entorno social y que a primera instancia no te importan, pero contempladas en una observación a fondo, llegan a ser una verdadera molestia.

Laura no ha sido fustigada con el desprecio de sus padres, algo que se hace muy duro, sobre todo siendo muy joven como le pasó a Marian. No quiere pensar que le suceda algo similar, esa visión de las relaciones paternas, siguen siendo complicadas para su mente.

 

Don Fernando aparece, como siempre, con cara de malos amigos. Sin mediar palabra, ni decir buenos días, entra como un burro por la puerta. Pocos minutos después su secretaria se acerca a Laura 

El jefe quiere verte. - Le dice.

- Pues como no venga él aquí. Yo no pienso quedarme a solas con él. - Expone con firmeza. Cristina, que así se llama la secretaria, no se extraña de la respuesta y se da la vuelta de regreso. Al minuto reaparece el gerente con un gesto agresivo en la cara. En un tono grotesco se enfrenta a Laura que permanece sentada con la vista en el ordenador y dando la impresión de no hacerle caso. 

– Aquí cuando yo digo una cosa se me obedece sin rechistar. ¿Entiendes bollera de mierda? -  Laura sigue sin responder y continua en apariencia con su tarea. Las voces llaman la atención de los de alrededor. - ¿Me estás escuchando? ¡Contesta! - Laura levanta de forma leve la ceja derecha y le mira de reojo.

– Cuando me gritan, tengo la costumbre de no entender lo que me dicen. - Responde y devuelve la vista a su tarea. El jefe se enfurece, por encima del mostrador echa la mano e intenta cogerla del pelo inclinándose hacia ella. La respuesta de Laura es inmediata y sin pensarlo se levanta hacia atrás y le sacude un bofetón que da de lleno en la cara de aquel hombre iracundo. Espantado pone una expresión de cólera y la mira estupefacto. En ese momento llega a su altura Marian que ha acudido al oír el alboroto. El gerente hace un gesto agresivo de querer devolver el golpe, pero es parado por Marian. Laura rápidamente retrocede dando un paso atrás queriendo salir de su rincón, tropieza con la silla y cae golpeándose en la cabeza con el borde de la mesa. Al llegar al suelo ya ha perdido el conocimiento.

– ¡Estás despedida, maldita tortillera! - Brama el gerente sin percatarse del estado de la recepcionista. Marian quiere golpearle sin piedad, pero es detenida por Esther y Marina que llegan en ese momento, Adela y Susana son testigos mudos de la escena. Marian se acerca rápida a Laura, que permanece inmóvil en el suelo.

- ¡Llamad a una ambulancia, por favor! - Grita desesperada. Se da cuenta que Laura no da ninguna señal de consciencia y el golpe en la frente muestra un aspecto poco agradable. – Cariño estoy aquí. Dime algo por favor, abre los ojos. No me dejes. - Expresa llorando y desesperada. A los pocos minutos entra un equipo de Urgencias que la estabilizan y se la llevan al Hospital. Marian la acompaña con la desesperación estampada en su rostro, como así refleja su mirada. Llegan al Hospital e inmediatamente la ingresan en la Unidad de cuidados intensivos. Marian debe quedarse fuera. Laura está sin conocimiento, no reacciona y ella se muere de impotencia. La primera media hora es desmoralizante, nadie le da ninguna explicación de lo que le pasa a su amada. Poco rato después aparecen los padres de Laura. Marina les ha llamado desde la empresa cuando se la llevaron en la ambulancia. Marian solo acierta a contar que se ha golpeado la cabeza al caer al suelo por un tropezón. Don Luis le agradece a Marian su interés y le dice que ya se hacen cargo ellos, que puede regresar a su trabajo. Marian le mira con gesto angustiado y le ruega que le permita esperar hasta tener alguna noticia. Que es su amiga más querida y que no se irá hasta que sepa lo que pasa. La madre de Laura capta el desespero de Marian y con un gesto hace ver a su marido que debe consentir.

Pasea muy inquieta por las cercanías de la puerta de intensivos. Aparece Paco y al rato un médico pregunta por la familia. Los cuatro se acercan con nerviosismo, él los tranquiliza.

Laura está estabilizada. Tiene un fuerte golpe en la cabeza y aún continua inconsciente. Le haremos un escáner en cuanto tengamos un hueco. No corre peligro, de hecho, no ha sido necesario intubarla, respira espontánea, pero aún no reacciona. Debemos esperar, las primeras veinticuatro horas son importantes para ver cómo evoluciona. No hay fractura aparente del cráneo, pero es posible que tenga una contusión cerebral importante. -

Dicho esto, el facultativo se introduce de nuevo por la puerta que había salido, Don Luis se dirige a Marian.

- Muchas gracias señorita. Ya ha oído, debemos esperar. Su presencia aquí ya no es necesaria. - Le dice con crudeza. Marian asiente sin decir palabra, mira a Paco, se da media vuelta e inicia el camino hacia la salida.

– Espera Marian. - Le grita Paco.

- Voy a llevarla. Es lo menos que puedo hacer. Vuelvo en un rato. - Le dice a su padre que asiente de buena gana. Acto seguido coge a Marian del brazo y juntos bajan la escalera.

 

 

 

jueves, 26 de mayo de 2022

8. Todo sale a la luz

 - ¿Ya te has recuperado? - Pregunta Marina dos días después de la lipotimia de Laura. Ha descansado veinticuatro horas y ya está en su puesto de trabajo. Marian sonríe con satisfacción al verla de nuevo al otro lado de la cristalera. La jornada pasada sin ella en la oficina le ha parecido eterna. No poder ver su sonrisa a través de los cristales, cada vez que levantaba la mirada, ha sido como un ataque de nostalgia. La tarde anterior se acercó a su casa para estar a su lado. En la mañana la llamó por teléfono y hablaron un rato. Y por la noche hablaron como todos los días. Ahora está cerca de nuevo y es una satisfacción para ambas ese contacto.

Manolín se acerca a ella con expresión compungida.

- ¿Qué quieres Manolín? Estoy muy ocupada. - Le dice en un tono seco y distante.

Quiero pedirte disculpas por lo del otro día. No pensé lo que hacía y después, lo que te pasó… me siento mal. Ya sabes que soy un poco burro… estaba de broma.-

- ¡Siempre estás de broma! Tienes que aprender a calcular esas bromas, un día tienes un disgusto serio. - Laura acepta la disculpa con la promesa de no repetir burlas de ese tipo con ella. – Y lárgate ya, que tienes el reparto con retraso. -

Con un gesto de casi reverencia, Manolín sale disparado hacia el muelle de carga para hacerse cargo de su furgoneta y comenzar el recorrido por las farmacias de la ciudad. Durante el día los compañeros se van acercando para interesarse por ella, gesto que agradece con una sonrisa.

Al día siguiente el gerente llama a su despacho a Laura. De muy malos modos le dice que tiene una falta grave por ausentarse del trabajo durante dos días sin avisar. Laura responde que ha traído los justificantes reglamentarios y que no tiene que llamarle la atención por eso.

Tendría que ser más educado, primero no me hable a gritos, no insulte y mantenga un poco de respeto conmigo. No soy su criada ni su esclava. Soy una trabajadora y cumplo con mis obligaciones.-  El gerente embutido de soberbia trata de rebatirla. – Aquí eres la recepcionista, el empleo más bajo de la empresa. Y te diré lo que me dé la gana, cuando me dé la gana. Para eso soy el que manda aquí. ¿Me entiendes bollera de mierda?- Laura se enerva y el rostro se le llena de ira.

- ¿Qué me ha llamado? Repita eso que no lo he oído bien.- Le espeta cargada de furia.

– Te he llamado bollera. ¿O es que no sabes que aquí todo el mundo está enterado que tú y esa pelirroja os morreáis por la ciudad? -  Laura está por golpearle repetidamente. Indignada sale del despacho, llega al mostrador, se sienta en su silla en la recepción y rompe a llorar. Marian no está en su sitio. Esther oye los sollozos y abre la puerta del despacho de administración y se acerca.

- ¿Qué pasa?- Le pregunta inquieta.

- Ese hijo de su madre. Es un perfecto canalla. ¿Cómo se puede ser tan hijo de…?- Esther no entiende muy bien, pero se compadece de Laura porque en otras ocasiones ha sido ella la víctima de las iras del gerente.

No sé qué decir, a mí me lo hace pasar mal también.- En eso Marina sale también al pasillo y contempla la escena. Pregunta que ha pasado. Laura le dice que ha tenido una bronca con el jefe, pero obvia los epítetos alusivos a su sexualidad. Inmediatamente se da la vuelta y se dirige al despacho del gerente. Entra sin llamar. - ¿A ti que te pasa?- Le increpa desde la puerta. - ¿Tienes que amargarle la existencia a todo el que se te antoje? - No responde. - ¿Qué te ha hecho Laura para que esté en un mar de lágrimas? ¿Qué le has dicho para dejarla en ese estado? El otro día se desmayó y su salud es delicada. ¿No conoces la consideración y el respeto?-  Él, con gesto despectivo se incorpora de su silla.

Me toca los cojones la bollera esa y su amiga la pelirroja. Son inmorales y viciosas. En cuanto pueda me las cepillo y las mando a la puta calle.-  Espeta soltando los consabidos perdigones de saliva al hablar. Marina se enfurece.

– Así que esto es porque, en una borrachera hicieron algo censurable según tú.-

- ¡No solo eso! Pregúntale a Adela. Ya verás que no es producto de una juerga solamente.- Marina pone cara de sorpresa.

- ¿Qué tiene que ver Adela en esto?- Pregunta con asombro.

Pregúntale a ella que las ha visto dándose el lote en plena calle. -

- Y a ti te parece que eso es motivo para montarle un espectáculo como el de ahora. Eres un impresentable y un insensible.- Da media vuelta y sale de la habitación encolerizada. Se acerca a Adela la mete en su propio despacho y habla con ella gesticulando en forma de amenaza. Vuelve al pasillo y se acerca a Laura que ya está más serena. En su cara se aprecia el enfado y el disgusto.

- ¿Dónde está Marian?- Le pregunta en un tono un poco seco.

En el almacén con Quique. -

- Quiero veros a las dos en cuanto vuelva. - Marian aparece a su espalda. No puede ver a Laura, Marina está interpuesta y se da la vuelta.

¡A mi despacho! - Indica con autoridad. Se separa de ellas, Marian la mira extrañada, vuelve la vista hacia Laura y puede darse cuenta en su expresión, que algo le ha sucedido. Aprecia los vestigios del llanto anterior y se asusta.

- ¿Qué te ha pasado?- Pregunta algo ofuscada. A Laura no le da tiempo a responder. Marina las apremia y entran en su oficina, Marina bloquea la puerta.

– Sentaros. ¡A ver! ¿Qué está pasando con vosotras?- Interroga directamente mirando a los ojos de las dos. No hay respuesta, ambas dudan, se miran entre sí. Marina es perro viejo y los gestos de ambas le proporcionan la certeza de lo que le han contado.      

- ¡Venga ya! Así que es cierto. ¿Estáis saliendo? – Laura quiere esconderse, Marian no sabe qué decir, en parte no se sorprende, pero está desconcertada con lo que está pasando. Necesita una aclaración y pregunta que es lo que ocurre. En pocas palabras Marina la pone al corriente, sin mencionar la artera maniobra de Adela. No quiere añadir más conflicto en la empresa. Vuelca toda la responsabilidad en el gerente, al que claramente todos desprecian por su conducta déspota. – Necesito conocer vuestra versión, si queréis que os proteja. Temo que Fernando haga cualquier barbaridad y cometa un atropello injustificado. Bien ¿Qué tenéis que contarme? Os prometo que lo que aquí se hable no saldrá por esa puerta.- Marina espera paciente. Laura mira a Marian y con un gesto algo espantado le da pie para que hable. La noticia ya es conocida y poco importa que la verbalicen.

¡Es cierto! Estamos saliendo desde hace unas semanas. Hemos tratado de tenerlo oculto por nuestro interés personal. En el trabajo no hemos dado motivos para que se sospeche, pero parece que ni escondidas podemos estar a salvo.-  Marian narra de forma realista.

– Y tú ¿No tienes nada que decir?- Dirigiéndose a Laura.

- ¡Estoy asustada! Nadie debía saber nada de mi vida privada ni la de Marian. Ahora temo que todo el mundo va a meter las narices en lo que hay entre nosotras. Y me da pánico solo pensarlo, no estoy en condiciones de soportar...- Marian interrumpe.  – Laura es hipersensible en situaciones afectivas. Esta le puede hacer daño emocional. Nunca la he visto como está ahora y me preocupa.- Marian extiende su mano hacia Laura que la aprieta con fuerza. Marina escucha con atención y durante un segundo las observa con connivencia.  

– Conozco esa mirada. Ya me lo había parecido, pero no estaba segura, me fijo poco. Esta vez he acertado. Estáis enamoradas. ¡Os felicito!- Marian y Laura se miran con desconcierto.

-¡Sí! ¡Os felicito! Cualquiera que no fuese un poco valiente lo hubiese negado. Vosotras no. Demostráis valor y cariño. Veo que estáis muy unidas. ¡Qué narices! ¡Me alegro! En mis tiempos era más difícil, a veces casi imposible.- Vuelven las miradas de desconcierto.

- ¿Tú también…?- Marian no termina la pregunta pero Marina la entiende.

- ¡No y sí! De aquí no puede salir esto. Nadie en la oficina conoce mi vida y espero que siga siendo así. Soy hetero.- Afirma con rotundidad.-Pero tengo un hermano gay, que es un cielo de chico y eso me hace ser solidaria con la homosexualidad, sea la que sea. Contáis con un aliado en este lugar. Seguir haciendo vuestra vida como hasta ahora. Yo me ocupo de Fernando, soy la única a la que respeta.- Marian y Laura sonríen. - ¡Laura! Trata de olvidar el incidente y tú Marian no te lances al cuello del gerente, haz el favor de contenerte, que te conozco. Ahora contarme. ¿Cómo surgió esto entre vosotras?- Aunque con dudas le comentan cuatro detalles sin mucha  importancia  pero clarificadores. Marina se dio por satisfecha y cerraron el incidente.

 

Laura sigue algo compungida por el suceso de la mañana. Al terminar la jornada ella y Marian salen juntas en su coche. Laura aparca delante de la casa de Marian que se hace la reticente para apearse, ni la ha besado en la mejilla, como de costumbre aunque, se vean poco después.

– ¡Venga! ¡Bájate! -  Le dice con autoridad.

- ¡No me apetece! Veo tu cara y me parece que no estás del todo bien. Necesito tener la certeza que te has recuperado. - Le dice con preocupación.

– ¡Estoy bien! - Responde, el tono le parece a Marian que no es del todo convincente.

– Es lo que quería saber. Para el motor del coche.- Le ordena. Ella la mira sin entender el porqué, pero le hace caso y gira la llave. – Estás estresada, necesitas relajarte. Conduces a trompicones y estás continuamente haciendo un gesto con la boca que solo dice una cosa. ¡Estás muy nerviosa! - Laura rompe a llorar con las manos cubriendo su cara. Marian la abraza y reposa la cara sobre su hombro. A Marian se le saltan las lágrimas. Acaba de comprobar que no puede verla sufrir. Esconde su cara en el pelo de su novia. Comparte el sufrimiento y eso la llena de satisfacción. Una idea se va formando en su cabeza, hay un cordón emocional que las une, solo ocurre cuando sientes que has encontrado la persona a la que perteneces, al amor de tu vida. Se emociona y sonríe. Permanecen así durante un instante. Se seca las mejillas antes de recuperar la mirada de su amada. Con una sonrisa pone su rostro frente al de ella, con un pañuelo le enjuga las lágrimas, tiene la cara empapada. Con pausa le hace discurrir su mano por el rostro y finalmente le da un corto beso en la punta de los labios. - ¿Estás mejor? -  Laura responde que sí con un movimiento de su boca. Le asaltan unas ganas terribles de besar a Marian. Tiene un momento de duda.

- Me siento muy rara. Todo lo que ha pasado hoy es como si un camión me hubiese atropellado. No me repongo de esa emoción de vergüenza de ver que todo el mundo conoce lo nuestro. ¿Por qué me siento así? Dime algo que no sepa, no sé cómo enfrentarme a ello. - Laura se siente algo perdida. 

- ¡No sé! Yo no he vivido mi salida del armario de ésta forma. Lo mío fue un schok   familiar, muy traumatizante. Lo que pensaran los demás me traía sin cuidado, me importaba lo que mis padres hicieron conmigo. No tuve ni tiempo ni ocasión de sentirme como te sientes tú ahora. Simplemente decidí llevar mi vida como a mí me apetecía y miré hacia adelante sin hacer caso de lo que pudieran pensar los demás.- Marian le explica con pausa y mirando a sus ojos con sinceridad.  

- ¿Crees que debo dejar de lado ese miedo? Y dime ¿Cómo lo hago?- Interroga con severidad.  

– No sé cómo se hace ¡Cariño! Yo solo miro hacia donde me interesa y obro en consecuencia. No tengo una varita mágica. Sé que es difícil, lo he visto en otras personas. Enfrentarse al mundo real donde posiblemente nos sintamos rechazadas es muy fuerte, eso lo sé, pero cuando los temores son internos, solo quien los tiene sabe la forma de vencerlos. - Laura escucha con atención. En su interior masculla lo que Marian acaba de decir y cierta sensación de orgullo emana en su ánimo.

- ¡Escucha! - Le dice con firmeza a Marian. – Yo no sé si esto es lo que la vida tiene escrito para mí, o es una broma del destino. Hace días que pienso en ello y, de verdad, trato de excluirte de mi pensamiento por si encuentro alguna referencia en otra dirección, pero no sales de ninguna de las maneras. Tengo la sensación de que estoy destinada para ti, que tú, eres mi destino, cuanto más dudo más me enganchas y veo que no hay nada más en el mundo que me esté esperando. - Marian sonríe con complacencia y trata de decir algo, pero no le sale. De repente Laura la sorprende.  - ¿Vamos a tu casa? -  Marian sonríe con agradable extrañeza.

- ¿Estás segura? - Pregunta con cierto  asombro.

- No lo diría si no fuese así. ¿No dices que hay que mirar hacia adelante? Ante todo, quiero esconderme contigo, si tengo que hacerlo por un tiempo, quiero que nos escondamos juntas. Aunque creo que después de lo sucedido hoy, esconderse no sirve de nada. -  Rápidamente salen del vehículo y se dirigen al portal, entran en el ascensor. Antes de que éste pare, Laura ya ha cubierto de besos a Marian. Se introducen en la vivienda en medio de un atracón de besos, pasan al salón para caer en el amplio sofá frente a la balconada. Marian besa alocadamente a Laura. Ella se deja hacer, recorre su cuello besando hasta el lóbulo de la oreja. Entre besos pasa un rato sin que suceda nada más. Hasta que Laura empieza a acariciar el pecho, el costado y con su mano recorre el abdomen de Marian hasta llegar al rincón más sensible, Marian experimenta un espasmo precipitado en ese instante.  Comienza a besar el cuello de Laura, baja besando su fina piel hacia el pecho y le desabrocha algo la camisa. Laura se deja llevar, siente que los labios de Marian pasean por su abdomen hasta notar que la mano hábil de su amante se posa en el lugar de máxima excitación. Laura se retuerce de placer. Coge la cara de Marian entre sus manos y besa su boca al tiempo que la invade una convulsa sensación provocando un intenso espasmo corporal. Continúan sus bocas conectadas y jugando cada una en el interior de la otra. Laura comienza a desabrochar la camisa de Marian, que hace lo propio con ella. Se pone de pie para contemplarla en todo su esplendor. - ¡Ven! - La coge de una mano y la conduce hacia el dormitorio. Allí comienzan a desnudarse mutuamente. Marian le retira la camisa, desabrocha el pantalón, que cae al suelo, la ropa interior de ambas termina de igual forma. Se introducen en la cama sin decir palabra alguna. Después de un largo beso Marian la contempla con mirada embelesada. - ¡Te quiero! - Le dice. Rueda sobre ella apartándose el pelo de la cara, le sonríe una vez está sobre su piel. Entrelazan sus cuerpos, se acoplan de forma perfecta. Marian la besa de nuevo y comienza un suave bamboleo de sus caderas que poco a poco va aumentando, sus bocas conectadas como sus almas, los ojos cerrados, la respiración entrecortada y el rítmico baile dan paso a una exhalación de aire al culminar en un espasmo corporal conjunto que las deja exhaustas. Con los ojos cerrados permanecen abrazadas durante un buen rato. Marian abre sus párpados, sonríe contemplando a su amor que muestra paz en su semblante.

- ¿Estás dormida? - Ella abre sus verdes ojos y sonríe.

- ¡No! No quiero dormir, y luego despertar pensando que ha sido un sueño. ¿Es esto el sexo del amor? Porque me ha parecido algo maravilloso. Nunca me he encontrado más feliz. ¡Te quiero! - Un largo beso es la continuación de la palabra. Abrazadas y apretadas la una contra la otra, yacen descansando en la cama.

- ¿De verdad nunca has hecho el amor con una mujer? - Marian pregunta curiosa.

- Nunca he hecho el amor con nadie, ¡Con nadie! - Especifica.

- Debo creerte. No tienes por qué esconderlo, pero es que me parece tan poco común. El mundo de la Moda es muy… promiscuo y pensé que…- No termina la frase.

- Nunca me interesó. Pude haberlo hecho en cientos de ocasiones. Me lo proponían a diario, pero yo no quería entrar en ese juego. Veía algunas de mis compañeras, que si lo hicieron, y después las encontraba defraudadas y en muchos casos tristes. Les prometían el oro y el moro, al final se encontraban con la cruda realidad, ni lo uno ni lo otro. Aunque también las había que les importaba poco, unas cabezas huecas. Yo no quería verme en esa situación. - Se explica con claridad.

- ¿Y no te atraían las otras modelos? Sé de buena tinta que también hay lesbianas en ese mundillo. - Pregunta intrigada Marian. 

Es posible, pero no. La verdad, sí que me fijaba con bastante frecuencia en sus cuerpos, pero nunca creí que fuera por una atracción sexual, solo curiosidad, los comparaba con el mío. Ahora puede ser que tenga algo de sentido esa curiosidad. Pero nunca he sabido lo que era el sexo hasta ahora. Y estoy encantada de haberlo descubierto contigo, eres maravillosa, soy una mujer feliz – Laura racionaliza su vida actual.       

Y yo estoy encantada de que estés encantada. - Hace una pausa. - Ahora necesitaría una ducha. - Comenta Marian. - ¿Te apuntas? - Pregunta.

- Lo que tú quieras cariño. -  Responde y se levantan. Laura se detiene un segundo a contemplar la figura de Marian desnuda delante suya.

- ¿Qué ocurre? - Le pregunta intrigada. Laura está admirada al contemplar en su real dimensión el cuerpo armonioso de Marian, una figura menuda pero perfecta. No recuerda haber visto un cuerpo tan agraciado a sus ojos.

- ¡Eres preciosa! -  Se acerca a ella insinuante. – Cada día te quiero más. - La besa de nuevo románticamente.

Soy muy feliz por estar contigo. Dios mío, nunca he dicho eso a ninguna de mis novias pasadas. - Expresa Marian. – La verdad es que nunca me había enamorado así, esta sensación que tengo contigo a mi lado es algo nuevo y al mismo tiempo maravilloso. ¡Te quiero amor mío! - Un beso de nuevo y se dirigen al baño. El agua caliente de la ducha es reconfortante, solo el discurrir del agua por su piel es una sensación agradable donde las haya para ellas en ese momento. Se aferran la una a la otra en un baile sensual debajo de la corriente acuosa. Entrelazan sus extremidades en ese baile erótico que acaba con una loca convulsión de sus cuerpos. Laura se promete repetir esta experiencia nueva y agradable siempre que pueda.

De vuelta a la cama se arropan bajo el edredón y conversan un rato entre besos cortos y más largos, se acarician con suavidad, despacio llevan a conectar sus manos en la profundidad de su ser. Por más cursi que se lea, por más empalagoso que suene, los besos, los abrazos y las caricias son la guía de una relación sana, no se trata de estar con ellos todo el día, solo hay que recordar que el contacto físico es sustancial, fortalece los lazos emocionales de cualquier pareja.

Las sensaciones que están experimentando y el deseo largamente ambicionado, provocan que los actos de amor sean repetidos, intensos y cortos. Alcanzan el culmen de forma rápida y viva.  Parece que no hay otra necesidad que la de satisfacerse mutuamente con el mayor ardor posible. Aún no se han recuperado de un trance y ya están en ese baile rítmico que las conduce al éxtasis de nuevo. Son felices y nada cuenta a su alrededor. Repiten una y otra vez, entre frases de cariño, caricias y besos, los actos de amor sin freno.

Laura se sorprende a si misma al tomar la iniciativa en alguno de los encuentros. Se desenvuelve como una experta, nunca ha hecho el amor con una mujer, ni con un hombre. Simplemente se deja llevar por el instinto y guiada por el sentimiento, pareciera que tuviese una práctica solvente. Es la pasión la que guía sus manos y movimientos. Marian por su parte cree encontrase en el cielo. Ella si tiene experiencia, pero jamás ha reiterado tantas veces seguidas haciendo el amor con nadie. Le llama la atención el comprobar que no le importa, más bien lo desea, insisten una y otra vez, se siente inagotable y quiere disfrutar de tanta felicidad como sea posible.

Todos se acaban en un momento, para regresar a continuación a otro con el mismo ardor.

Ya es de noche y Laura le plantea que debe irse. Sus padres esperan que regrese, aunque sea tarde. Debe cumplir con su familia, si bien no le piden explicaciones, pero no quiere preocuparlos, aunque esté justificado por el estado de felicidad que vive en este momento. Marian intenta retenerla, no quiere separarse de ella ahora que la tiene tan cerca, le duele dejarla ir, pero debe ser así.

Durante el retorno a su domicilio habitual Laura va acompañada de una música celestial que mana de su cabeza. Nunca pensó que hacer el amor fuera algo tan extraordinario. Se siente en el cielo de los placeres y ama con profundo sentimiento a esa pelirroja encantadora con quien ha compartido sus primeras y maravillosas relaciones no solo de sexo, de amor transformado en entrega carnal.

Una vez que se ha acomodado en su dormitorio coge el teléfono, marca un número.

- ¿Me echas de menos? - Pregunta con una sonrisa.

Todavía estoy asomada al balcón por si te arrepentías y dabas la vuelta. - Le dice Marian con una sonrisa de felicidad.

– Ha sido la noche más feliz de mi vida. ¡No sabes lo que te quiero! Estoy encantada de quererte. -

- Yo aún sigo alucinada, me haces muy, pero que muy feliz, y te digo lo mismo. ¡No sabes lo que te quiero! -

- ¡Buenas noches amor! - 

- ¡Buenas noches, vida mía! -

 

jueves, 8 de abril de 2021

7. Un mundo diferente

 

Te quiero. Pero no a mi lado.


Pasan unas dos semanas antes de que las recién casadas, Carmen y Paloma, den señales de vida. Al regresar de su luna de miel se han dedicado a poner las rutinas de su nueva vida matrimonial en orden. Al tiempo van contactando con sus amistades, entre las que, obviamente está Marian.  

Una tarde mientras se acicala esperando a Laura suena el teléfono, descuelga al ver quien llama.

- ¡Carmen! ¡Que sorpresa! ¿Ya habéis vuelto?- Responde con preguntas.

- ¡Sí! Ya llevamos aquí unos días. Teníamos muchas cosas pendientes y no hemos tenido tiempo de hacer otra cosa que ordenar la casa, hacer papeles. Pero ya hemos acabado.- Le cuenta de una tacada. - ¿Tienes algo que hacer esta tarde?-

- ¡Bueno he quedado! ¿Por qué?- Pregunta intrigada.

– Para vernos. Tenemos mucho que contarte. ¿Te apetece?- El comentario despierta curiosidad en Marian.

¡Sí que me apetece…! Te llamo en un rato.- Cuelga y llama a Laura. No le responde. Le extraña y vuelve a marcar, sigue sin responder. Decide esperar unos minutos mientras termina de arreglarse.  Laura en ese momento está aparcando cerca del domicilio de Marian. Sale del coche y ahora es ella quien la llama. Marian descuelga.

- ¿Dónde estás? – Pregunta con intranquilidad.

- Delante de tu casa, acabo de llegar.- Responde extrañada Laura.

Bajo ahora mismo. - Marian cuelga, coge el bolso y sale a toda prisa. Se encuentra con Laura en la puerta de la cafetería de Raúl. Se besan en la mejilla fraternalmente.

- ¡Dime! ¿Qué pasa?- Pregunta intrigada.

- ¡Vamos, tomemos un café! - Le dice algo inquieta. Entran en el local de Raúl y piden sendos cafés con leche. Toman asiento en una mesa. Marian sacia la curiosidad de Laura.

¡Verás! Acabo de hablar con mi amiga Carmen. Ella y Paloma han vuelto de su luna de miel. ¿Te acuerdas la noche que nos encontramos y me asaltaste en aquel cuarto de baño?- Laura asiente. – Ese día se habían casado. Lo estábamos celebrando. No las he vuelto a ver desde entonces. Carmen es una gran amiga desde que éramos niñas. Por más que no me he acordado de ella desde que estoy contigo. Necesito hablarte de ellas…-

Poco a poco Marian le va narrando la historia de su infancia, el descubrimiento con Carmen y todos los sucesos acaecidos con los padres de ambas. Cómo se volvieron a encontrar. La amistad que las une y lo contenta que está porque ella ha encontrado el amor de su vida en Paloma, su esposa.

Le relata que al reencontrarse descubrió a una Carmen madura, nada que recordara a aquella joven flaca casi sin pecho ni caderas.  Carmen había crecido lo suficiente para presentar un físico hermoso y un rostro más bello de lo que ella recordaba. Le explica que durante semanas no hicieron otra cosa que hablar del pasado, de cómo les había ido en la Universidad y en el trabajo.

Esta tarde me ha llamado y quiere que nos veamos. Tiene mucho que contarme.- Por fin respira.

- ¡Vaya! Por fin sé algo más de ti. Eso que me has contado de tus padres es muy duro. Deberíamos hablar de ello más despacio. Necesito saber de tu vida. ¡Bueno! ¿Y qué vamos a hacer?- Pregunta curiosa.

- Quiero que vengas conmigo, me gustaría que las conocieras. Te aseguro que vas a estar muy a gusto a su lado. - Marian mira con recelo a Laura que parece dudar en la respuesta.

- ¡Cariño…! No sé. ¿Quién sería yo, según tú? ¿Una amiga o tu novia?-

- Lo que tú desees. No voy forzar la situación. Ya lo sabes. Tú decides.- Laura piensa por un momento.

No existe un manual mágico para comenzar a salir del armario. Hay que ser consciente de que es un proceso que se repetirá en infinidad de ocasiones. Armarios hay muchos y motivos para no salir de ellos más; pero no se puede olvidar, que al no hacerlo se aleja uno de los que te rodean y puede cambiar a una persona alegre y abierta en alguien distante y aislada.

- ¡Está bien! Tengo claro que he vencer mis miedos. Voy a dar un paso, pero necesito tener la certeza de que nadie más lo sabrá. Soy tu novia y habrá que empezar a decirlo por algún sitio. Si tus amigas son de confianza. ¡Novia! -  A Marian se le ilumina la cara.

- ¿De verdad cariño? ¿Estás decidida a dar este paso?- Marian no acaba de creerlo.

Eso he dicho. Pienso mucho las cosas antes de dar un paso. Llevo días dándole vueltas a mi cabeza de cómo enfrentarme a ello, ésta parece una buena oportunidad para dar un primer paso. Cuando decido mirar hacia adelante lo hago sin dudas. Supongo que contarlo en ambiente desconocido pero fiable, puede estar bien. - Le dice con solemnidad. Marian la abraza y besa su mejilla como si fuesen sus labios.

Salir del armario, quizá sea una de las decisiones más complicadas y a la vez más satisfactorias de la vida de todo homosexual. Vivir fingiendo ser otra persona y sintiendo miedo a ser rechazado por ser una misma, en ocasiones, puede convertirse en algo muy angustioso que puede generar un constante estado de alerta. A la vez que de forma inconsciente se construye un muro para no ser lastimada, muro que igual que nos protege de las flechas, también nos distancia de los besos. Laura adolece de tener ya un muro, levantado hace tiempo, para proteger su intimidad de agresiones externas, siempre se ha sentido protegida tras esa coraza de aparente personalidad recia e inquebrantable. Ahora tiene ya creada una nueva defensa donde proteger esa posibilidad de reconocerse homosexual. Pero comienza a ver claro que debe reconocerse como tal y salir del armario comienza a inquietarla. Acaba de encontrar un lugar seguro donde poder hacerlo sin riesgos de que otros puedan inmiscuirse en su intimidad y espera que la fortuna le acompañe.

– No te arrepentirás, vida mía.- Marian le susurra al oído, coge el móvil y marca el número de Carmen. Es Paloma quien contesta. Habla con ella un instante. 

- Quedamos en su casa, Carmen está en la ducha. En lo que llegamos estarán listas.-

Se meten en el coche y parten rumbo a la Plaza del Comercio.

Paloma y Carmen las esperan en la calle. Laura aparca el vehículo. Marian presenta a Laura a sus amigas sin decir nada de su relación. Han hablado que sea ella quien se reconozca como su novia. Las recién casadas ya han decidido donde ir y se encaminan hacia el Pub cercano, regentado por unos amigos de Paloma. Durante el paseo Carmen habla con Marian de las cosas comunes, van haciendo risas. Paloma y Laura caminan una al lado de la otra.

Me ha dicho Marian que estáis casadas.- Comenta Laura a modo de interés.

– ¡Sí!- Responde Paloma con cierta seriedad.

También me ha dicho que Carmen es amiga de toda la vida.-

- ¡Es cierto! Han pasado mucho.- Le comenta a modo de aclaración.

- ¡Lo sé! Me lo ha contado. Debe ser una gran persona. Marian parece que le tiene mucho cariño.- Expone Laura sin intención.

 – ¡Lo es! Me he casado con ella por eso. Y tú ¿Qué relación tienes con Marian?- Laura se siente atrapada por la pregunta. Lo primero que piensa es decirle que es su novia, pero duda.

Somos compañeras de trabajo, y somos muy buenas amigas. - Responde huyendo de la verdad, un poco sonrojada y con una sonrisa forzada.  Paloma la mira y hace un gesto de contrariedad, algo le dice que esa respuesta es obligada, no hace ningún comentario, pero la mira con intriga. Caminan hasta el Pub de Guillermo y Pablo que reciben al matrimonio con abrazos y felicitaciones.

- ¿No fue aquí donde nos besamos por segunda vez? – Pregunta Laura en voz baja al oído de Marian. Ella le sonríe con cara de felicidad.

- ¡Sí! En ese servicio. – Le responde señalando con el dedo. Ambas se ríen con regocijo.

Durante un rato las recién casadas saludan a conocidos y algunas amistades allí presentes. Casi parece un acto de protocolo social. Paloma y Carmen saludan, hablan y reciben enhorabuenas continuas. Por fin se sientan en compañía de Marian y Laura. Carmen está feliz, se le ve en la expresión, Paloma parece algo más seria, pero no deja de traslucir cierto contento de la mano de su esposa.  La conversación circula por las cosas que les han sucedido en el viaje de luna de miel, lo narran con todo lujo de detalles. Más tarde pasan a hablar del trabajo, la política, la ciudad, y temas de lo más trivial, hasta que en un momento dado Carmen, algo intrigada, le pregunta a Marian sobre ella y su acompañante.

- ¿Así que sois compañeras de trabajo?- Pregunta con inocencia.

- ¡Sí! – Responde Laura atropellada.

- ¿Seguro que nada más?- Laura no sabe que decir. Regresa la duda. No sabe cómo decirle a una desconocida que ama a Marian y que es su novia.

- ¡Bueno!  ¡No sé! Es difícil explicarlo…- 

- ¡Que te gusta Marian! Se nota a la legua.- Paloma ejerce de adivina.

- ¿Queeé?- Brama una sorprendida Laura.

– He visto como la miras, son cosas que no sabemos esconder cuando estamos enamoradas. No debes sorprenderte ella te mira igual.- Laura no sale de su asombro. De repente Paloma llama la atención de Marian.

- ¡Marian! Laura dice que sois compañeras de trabajo. ¿Es cierto?- Marian se gira hacia ella sorprendida de lo extraño de la pregunta.

- ¡Sí! Es cierto.- Expresa dubitativa.

– Es raro porque me ha parecido ver que os coméis con los ojos.- Laura se queda petrificada, balbucea algo incomprensible y mira hacia otro lado, como enfadada. Carmen mira con sorpresa a Marian que a su vez ojea preocupada a su novia. Antes de decir nada se acerca a ella para susurrarle al oído.

Tranquila cariño, a Paloma le gusta jugar. Siempre puedes tomártelo a broma.- Acto seguido mira a Paloma con severidad. 

- ¡Vale, vale! Lo pillo. Y lo siento, no quería molestar.- Se disculpa Paloma. Laura baja la cabeza y mira al suelo, respira y levanta la mirada.

- ¡Está bien! No tienes que disculparte. Soy yo quien tiene los problemas…- Marian la interrumpe, se acerca a su oído.

No tienes que decir nada. Otro día. - Carmen muestra curiosidad.

– ¿Es que hay algún problema?  ¿Qué te ocurre? ¿Podemos ayudarte?- Le dice a una Laura temblorosa.

- ¡No! No es necesario. - Responde, toma aire y habla. – ¡Está bien! Es la primera vez que lo voy a decir y estoy algo nerviosa... Marian y yo estamos… enamoradas, solo es que me cuesta decirlo, admitirlo y adaptarme a estar en compañía de una mujer. Me muero de vergüenza, no sé… ¡Me cuesta superarlo! Solo es eso. -  Laura respira hondo. Marian la abraza.

- ¡Muy bien, amor mío! Te quiero.- Le susurra al oído. A Laura se le escapa una lágrima por la tensión, Marian le responde de forma positivista. Ha superado ese primer paso, tenía pánico a realizar una confesión de algo tan íntimo y comprometido. No es fácil salir del armario y tampoco hace que los problemas se solucionen de forma instantánea. A la larga las cosas pueden ser mejores y al hacerlo con personas que se espera comprendan la situación, la tarea resulta algo más fácil de armar y de expresar. Para ella las amigas de Marian aún son unas desconocidas, pero confía en su novia.

- ¿Te da vergüenza decir que eres gay? – Pregunta Carmen con curiosidad.

- ¡Sí! Me da mucha vergüenza. Tengo miedo a las críticas, al qué dirán, mi familia, el trabajo… Esto nunca me había pasado. Es la primera vez que me enamoro de verdad… y de una mujer.  – En ese momento Carmen y Paloma se miran con incertidumbre.

- ¿Por qué? Hoy en día no debe ser un problema, a menos que no lo aceptes. – Le responde Carmen con seguridad.

Ese es mi problema, no me considero homosexual, solo me he enamorado de Marian sin percibirlo. Estoy en un mar de dudas y asustada con este sentimiento. Me horrorizan las opiniones ajenas y todavía me avergüenza el que me vean con una chica como pareja. Pero creedme, quiero a Marian con todo mi corazón. – Laura se explica con cierto nerviosismo.

- ¡Te creemos! Pero debes dejar de pensar de esa manera, no es saludable. Sabemos lo difícil que es salir del armario. Enfrentarse a la selva que es la sociedad, cuesta. Pero insisto debes alejar esos pensamientos de ti. – Le dice Paloma con cierto candor.

Lo que opinen los demás es solo eso, opiniones, opiniones diferentes a las tuyas. Es el contraste, si todos opináramos lo mismo, esto sería un aburrimiento de sociedad. Tómalo como lo que es, una opinión diferente a la tuya. – Carmen argumenta con sobriedad.

Quien te critique solo está diciendo que es alguien que no está preparado para asumir tu personalidad. – Marian ratifica con aplomo el argumento anterior.

Tu ama a Marian como lo estás haciendo, de esa manera tan bonita que has dicho. Si alguien se molesta por ello, es porque ha decidido molestarse. En una palabra, es su problema, no el tuyo. – Paloma habla con sabiduría mirando fijamente a los ojos de Laura que acepta el argumento como bueno.

Nunca me he cuestionado mi sexualidad, siempre he creído que era hetero, no necesité hacerlo, no tenía dudas porque nunca se me presentaron como ahora. -

- La sexualidad forma parte de nuestra identidad como personas y es muy importante definirla. Mientras no te la cuestionas, es difícil entender la importancia que puede llegar a tener, y debes tener la certeza que forma parte importante de tu propia realidad. – Paloma ilustra el pensamiento de Laura que escucha con atención sus palabras.

- Si de verdad te enamoras, lo haces de una persona, de sus cualidades y sus atractivos. Ella hace que te sientas bien a su lado. El que sea hombre o mujer, llega a ser un aspecto secundario. Si ese amor hace que vivas en paz a su lado y, que cuando te emociona, notas que es de felicidad. Entonces, estás en el camino del amor verdadero. – Laura se estremece inquieta ante la reflexión de Paloma, que despliega toda su inteligencia hacia ella. – La sexualidad es una parte de tu ser, no una razón de existir. También nos define en cómo nos relacionamos con el resto de la sociedad que nos rodea. Pero insisto, debes sentirte a gusto al lado de la persona que amas, al lado de Marian. Es una mujer, ¡Sí!, pero es la persona de la que te has enamorado y eso es lo bonito.-

En todo momento Marian no se separa de Laura, cree que necesita sentir su apoyo y que esté a su lado en un momento tan delicado. Sus manos entrelazadas, una suave caricia de sus dedos serenan el ánimo de Laura. No necesita preguntarle, mira a sus ojos y a su sonrisa para entender. Confesar públicamente su amor por Marian pensaba que le sería muy costoso. Ahora Laura se siente algo más relajada, ni por un momento se sueltan de la mano. La conversación ha tomado un sentido que a Laura le resulta reconfortante al percibir cierto apoyo emocional.

La homosexualidad no es signo e infelicidad. Ser lesbiana no implica que una persona sea alguien llena de conflictos internos o externos, que sufre y que puede llevar a terminar su vida de forma dramática. Eso solo ocurre en las películas y en las noticias. La normalidad es la que está oculta a ojos públicos, la mayoría de las parejas homosexuales, y somos muchas más de las que puedas imaginar, viven sus vidas cómodamente, sin las trabas que tanto se publican por ahí. -  Paloma remata su discurso quitando dramatismo a los pensamientos de Laura, que de pronto se siente acogida en forma agradable por las que ya considera sus amigas. 

La tarde termina entre risitas y pasándolo bien. Cuando las cuatro salen del Pub, Carmen las invita a la última copa en su casa. Allí se dirigen las cuatro abrazadas por parejas formales. Entran en la casa, Laura pide un refresco, dice que tiene que conducir y quiere dejar a Marian en su domicilio, sana y salva, y ella también. Un rato de charla y en un momento dado desaparecen Carmen al baño y Paloma a ponerse algo más cómodo. Al verse a solas Laura se acerca a Marian y la besa con toda la dulzura que le es posible.

- ¡Gracias! Ha estado perfecto, me siento bien. -

- Has sido muy valiente. ¿No ha sido tan difícil, verdad? Por eso te quiero.- Repiten el beso esta vez con intensidad. Ensimismadas besándose no se percatan de la presencia de Carmen que regresa del baño. Se oculta detrás de la puerta y las observa con una sonrisa. Por el pasillo aparece Paloma atándose el cordón del pantalón. Carmen le hace señas para que no haga ruido y se acerque a observar. Ambas ríen en silencio, se vuelven a esconder y Paloma finge que tose. La reacción inmediata de Laura es separarse bruscamente y mirar para otro lado, Marian se queda con mirada de espanto. El matrimonio entra en el salón medio sonriendo.

Veo que habéis aprovechado el rato.- Dice Carmen riendo de buena gana.

- ¿Por qué lo dices? – Pregunta Marian.

– No, por nada. ¿Os ha sentado bien el beso?- Laura se pone roja de vergüenza y se tapa la boca, mira a Marian que tiene repartido todo el carmín alrededor de los labios e inmediatamente suelta una carcajada. Marian no entiende el motivo, Laura se quita la mano del rostro y entonces entiende lo que pasa. Todas se ríen sin tino.

 

En su despacho el gerente está liquidando unos papeles con Marina. Cuando terminan, la directora se va a sus ocupaciones. Un poco a escondidas llama a la puerta Adela, la administrativa.

- ¿Da su permiso Don Fernando?- Pregunta con voz aniñada, empequeñecida. Mostrando el carácter retorcido del que es portadora.

– Pase, pase Adela. ¿Qué la trae por aquí?- Pregunta el gerente con ese tono de voz de la prepotencia estúpida.

– El caso es que quiero comentarle algo, que ya se sabe, pero…- Es interrumpida con soez pronunciamiento de su jefe.

- Si se sabe. ¿Qué coños quieres ahora?- Le espeta casi escupiendo en su cara. Adela pone la mano delante de su rostro a modo de escudo contra los perdigones que le salen de la boca.

Sabe usted que las señoritas Marian y Laura tuvieron a bien hacer algo pecaminoso después de la cena de la empresa.

- ¡Sí! Y  ¿Qué pasa?- Pregunta casi gritando. 

Pues que lo han vuelto a hacer. Y lo que más me indigna es que lo hicieron en mi cara.-

- ¿Aquí en la oficina?- Comienza la ira. 

- ¡No, no señor! En plena calle. Pasaba yo por allí y las vi en un rincón dándose un asqueroso beso en la boca. Lo hacían como locas. Nuestro señor las enviará al infierno. Son unas inmorales. Se frotaban el cuerpo con las manos de manera pecaminosa y obscena. Un espectáculo repugnante don Fernando.-  El gerente la escucha con la boca casi abierta, el cigarrillo colgando de los labios se le cae sobre el pantalón haciendo que dé un respingo hacia atrás que casi le hace caer de la silla.

Recompuesto y sacudiéndose las cenizas de la ropa le pregunta a Adela.

- ¿Qué quieres que haga yo ahora? No me encargo de la moral de mis empleados. Aunque ganas me dan de echarlas a la calle por bolleras.-

- Y ¿A qué espera?-

- ¿Cómo a que espero? ¿No sabes que no se puede despedir a la gente por eso? Es discriminación por condición sexual. ¡Estúpida!-

- Usted manda. Yo solo vengo a advertirle. Luego no me diga que no lo he hecho.- Colocada la calumnia abandona el despacho con un rictus de sonrisa estampado en su cara de harpía. Sin comentar nada regresa a su mesa y continúa con su trabajo.

 

Manolín, el conductor, ronda por las cercanías de Laura, hace que busca algo y poco a poco se va acercando. Tiene ganas de hacerse el gracioso y provocar a Laura para ver si consigue morder el anzuelo. Como todos los graciosos, que no lo son porque difícilmente cuentan lo que es oportuno en tiempo y circunstancia. Vuelve a la carga.

¿Te cuento un chiste muy gracioso? - Laura lo mira severa.

- ¡No! No me hacen gracia tus chistes- Rechaza la propuesta. Pero como todos los inconscientes, insiste.

– ¡Si es muy gracioso! -

- Tu no entiendes el significado de la palabra, no ¿Verdad? - Repite su negativa. 

Pues aunque no quieras te lo voy a contar de todas maneras. Soy Bisexual.- Laura  levanta la mirada hacia él preguntándose qué narices está diciendo. Manolín continúa.

Me gusta hacerlo con dos.- Laura pone cara de no entender, aunque si descifra a que se refiere. Pone gesto de desagrado, coge unos papeles y los mete en una carpeta que pone “MARINA.”  Se levanta y sale de su rincón detrás del mostrador, le da la vuelta y al pasar por delante del conductor éste la coge por el brazo y se pone detrás apretándose contra ella. Trata de decirle algo pero antes de que pronuncie palabra alguna, de forma violenta Laura se da vuelta y le da una bofetada. Sorprendido por la reacción, suelta el brazo para llevarse la mano a la cara. Laura continúa su camino hasta la administración sin decir nada. Entrega la carpeta a Marina y regresa a su mesa. Manolín ha desaparecido, supone que avergonzado. En ese momento le da un estremecimiento que la bambolea, a duras penas consigue sentarse. Respira profundamente y poco a poco se le va pasando. Marian se acerca a ella al verla sentada con las manos tapándose la cara.

- ¿Te ocurre algo?- Laura no responde, mantiene la misma posición. Oculta su cara a Marian, no quiere despertar alarmas, pero no se encuentra bien. Marian sospecha que algún problema le está sucediendo. Rodea la mesa y se agacha a su  lado. Contempla la palidez de la cara de Laura. - ¿Qué te ha pasado, cariño?- Laura sigue sin responder, se echa hacia atrás y en ese instante pierde el conocimiento y cae al suelo deslizándose por la silla.

- ¡Laura, Laura! ¡Socorro! Que alguien me ayude.- Rápidamente acuden Marina y Esther, las más cercanas en ese momento. Esther se pone a los pies de Laura y le levanta las piernas por encima del cuerpo. - ¡Por favor, cariño, despierta! ¿Qué te pasa? – Marian expresa casi llorando. Al segundo Laura recupera la consciencia.

- ¿Laura? ¿Estás bien? ¿Qué te ha pasado?-  Semiinconsciente  parpadea con los ojos  como alucinada, intenta levantarse pero es detenida por las demás. - ¡Quieta ahí hasta que tengas mejor cara!- Le dice Marian. - ¿Estás mejor?- Laura afirma con la cabeza, siente la boca seca y pide agua. Poco a poco Esther le va bajando las piernas al suelo. Al comprobar que se ha recuperado la sientan en su silla. – Ya me encuentro bien.- Le dice a Marian. Esther regresa a su oficina.

- ¿Qué ha sucedido?- Pregunta Marian.

– ¡Nada! Me he encontrado muy mareada. Algo ha debido sentarme mal.- Oculta que se ha encontrado mal después de la “broma” de Manolín. No quiere crear problemas innecesarios por una chiquillada.

- En cuanto estés mejor. Te llevo a casa.- Propone con firmeza.

- Tengo trabajo Marian.- No quiere  darle mayor importancia.

- Puede esperar a mañana. Ahora necesitas descanso. ¿Están tus padres en casa?-

- No hace falta, de verdad.- Rechaza la propuesta pero con poca convicción.

- ¡Sí! Puede repetirse  otra vez. Así que a descansar a casa.- Marian manda, Laura no tiene argumentos para rebatirla, así que cede a la pretensión de su novia. La escena la contempla con humor Marina que apoya la imposición de Marian. Recoge su bolso y cogidas del brazo llegan hasta el coche de Laura. Marian la conduce hasta la puerta de su casa.  Aparca delante y llama al timbre del exterior. Sale Don Luis y se acerca a Marian que le explica lo sucedido en el trabajo, al tiempo que saca a Laura del coche, aún algo pálida. La conducen dentro hasta el salón. Con la ayuda de Lola, su madre, se tumba en el sofá. Marian mira con pavor la palidez que presenta. Don Luis hace una llamada.

Dentro de unos minutos vendrá José Luis. Es un amigo mío que es el médico de la familia.- Le explica a Marian. No quiere marcharse sin comprobar que está mejor. Se acerca a ella de nuevo. Laura está como desmadejada y apenas sin voluntad para hacer nada, Marian la contempla con ojos de preocupación, no le quita la vista de encima. El padre observa a las dos con expectación. Las miradas y los gestos le parecen de cómplices más que de amigas. Cogidas de la mano esperan la llegada del médico. Al poco rato llaman a la puerta y aparece un hombre mayor con un maletín en la mano.

- ¡A ver! ¿Dónde está mi chica preferida?- Pregunta y entra en el salón. La mira con extrañeza. Explora su cuello la garganta y la ausculta. Le toma el pulso y la tensión, le mira los ojos, los oídos, le mueve el cuello y a cada maniobra que realiza Marian se asusta más y más. Luego la interroga. Marian le explica lo que ha sucedido. Y por fin da un dictamen. – Ha sido una lipotimia, un mareo, le ha bajado la tensión muy deprisa y ha perdido el conocimiento. Le daré unas gotas para subirle la presión sanguínea y en cuanto se encuentre mejor debe de tomar mucho líquido. Un susto nada más.- Le dice a Don Luis. Marian se acerca a ella.

A mi tendría que bajármela, me he puesto muy nerviosa. ¿Estás mejor?- Le pregunta a Laura, ella afirma con la cabeza. Le acerca la mano a la cara y ella la besa.

- ¡Gracias cariño!- Le responde. Don Luis oye pero hace como que no ha escuchado nada. Lola su madre ha ido a la cocina para preparar un zumo de naranja y el médico no le da importancia a un comentario que está habituado a escuchar, ese lenguaje es algo corriente entre las enfermeras, no le llama la atención.

Me voy. Me llevo tu coche, luego te lo devuelvo y así compruebo que estás mejor.- Laura consiente y Marian se despide con una sonrisa.