Una separación necesaria

Una separación necesaria

viernes, 19 de enero de 2018

Episodio décimo segundo


Atrapada en fuego cruzado

Marlene se queda en silencio escuchando las indicaciones de Grace. - ¡Por favor! Dime que lo sabes. – Marlene balbucea. - ¡No sé qué quieres que diga! - Se siente terrible por dentro al estar causando tantos trastornos a la gente que la rodea. - Dime la verdad, eso es todo lo que te estoy pidiendo, no puedes seguir así, Marlene. – Ella comienza a llorar. - Nunca he amado a nadie de la misma forma en que la amo. No sé cuánta más angustia puedo soportar, la amo, pero no hay nada que pueda hacer al respecto, nuestras vidas han cambiado y… - Grace la detiene. - ¿Quieres hacer una vida con Mark? ¿Tener un hijo? ¿Vivir este sueño de fantasía? - Le pregunta racional. - No quiero hacerle daño, puedo poner todo tipo de excusas por mi comportamiento, pero en el fondo…  ¿Estás enfadada conmigo?- Marlene pregunta amablemente y con sinceridad, Grace ríe tratando de aliviar la tensión. - Todos tenemos secretos o cosas que nos gustaría que permanecieran ocultos. Lo siento por Mark y eso hace que sea tan difícil. Te has casado con alguien que tú dices amar y quieres hacer una vida con él, que no tiene ni idea de esto. Lo lastimarás cuando se entere. - Marlene deja de caminar. - No puedo herirlo, tengo que contarle mi vida antes de llegar a New Haven. - No puede alejarse de Grace que le implora. - Tampoco puedes vivir una mentira. - Le recuerda ella. - Tú amas a Mark, pero no como la amas a ella. - Suspira Marlene. - Nunca quise volver aquí, me duele verla, quererla, estoy celosa de la mujer que tiene su corazón ahora. – Se queja con realismo. Grace comienza a pensar con dificultad.  - La otra noche, cuando saliste a caminar. ¿A dónde fuiste? - Ella se acerca con la mirada fija en ella y con determinación. Marlene sólo puede mirar al cielo antes de hablar. - No quiero hablar de ello Grace. - Ella deja la puerta abierta. - Fuiste a verla. ¿No? -  Marlene baja la vista. - ¡Lo hice! Tenía que despejar el aire, debía asegurarme de que lo que sentía era real o no se correspondía con mis sensaciones. – Le responde con honestidad. - ¿Te has acostado con ella? - Grace la acorrala y ella tiembla suavemente. - No creo que necesite contestar a eso. – Le señala poniéndose las manos en los bolsillos de sus pantalones. Grace insiste. - Tienes que decírselo a Mark, Marlene, todo lo que necesita saber. – Ella tiene una lágrima en los ojos. - Deberíamos regresar, los chicos comenzarán a preguntar dónde estamos. - Coge a Grace por el codo que se dan la vuelta para dirigirse de regreso al apartamento.  Grace le recuerda a Marlene que hable con Mark, cuando están a punto de entrar por la puerta. - ¡Hola! ¿Cómo fue el paseo? - David pregunta con una revista que estaba mirando. – Bien, bien. A Grace le pareció largo. ¿Dónde está Mark? - Marlene pregunta. - ¡Ducha! – Dice señalando hacia el dormitorio. Grace hace un gesto a David para que se dirija arriba con ella. - ¡Buenas noches! - Marlene entra en el dormitorio, se quita el suéter y se sienta en la cama bajando la cara entre sus manos, respirando profundamente. - ¡Oh! Yo no he venido aquí. - Mark entra en el dormitorio con una toalla envuelta alrededor de sí mismo. - ¡Hola! –       

 - ¡Hola, buenos días! Te levantaste temprano. - David saluda con una sonrisa. - ¿Café? - Él está llenando de agua la cafetera. - ¡Sí, gracias! - Marlene lo agradece. - ¿Grace durmiendo? – Pregunta. - ¡Sí! Vamos a Colonia hoy, de compras y ver la ciudad. ¿Y qué pasa contigo? – Le dice. - El doctor Kessler me ha pedido que comience la terapia con un niño que se rompió un brazo, quitó el hierro ayer y me pidió que le echara un vistazo esta mañana. - David le sirve una taza, Mark bostezando sale del dormitorio. - Marlene está trabajando esta mañana. ¿Quieres unirte a nosotros en Köln para visitar la ciudad? - Él sonríe abriendo el papel. - ¡Gracias! Pero tengo que ir al hospital y revisar algunos archivos. – Responde con aire perezoso. David sirve a Grace una taza y se dirige con ella a las escaleras. - Disfruta de tu día. - Marlene termina su café sin decir mucho. - ¿Vienes conmigo?– Le pregunta con sobriedad. - Déjame buscar mi chaqueta. – Hace una mueca de dolor y se marchan para el hospital.

Mark entra en su despacho y escudriña los archivos que había en el escritorio. - ¡Dr. Blair! – La recepcionista abre la puerta. - La señora Von Lahnstein desea verle. – Le anuncia. - ¡Por favor! Que pase. - Se levanta de su escritorio y le ofrece un asiento. - ¡Sra. Von Lahnstein! Es un placer volver a verla de nuevo. – Saluda muy cordial. - Gracias por recibirme tan pronto y en un sábado por la mañana. – Corresponde con una sonrisa hacia él. - ¿Está todo bien con Rebecca? – Le pregunta intrigado por la visita. - Ella está muy bien y recuperándose. En realidad ella está bien, parece estar admitiendo bien la terapia, pero estoy aquí en agradecimiento por lo que ha hecho. Me gustaría saber si usted y sus invitados podrían unirse a nosotros para cenar en el castillo mañana por la noche como una celebración por sus éxitos. - Mark se enderezó aclarando su garganta. - Déjeme tratar el tema con Marlene, no tenemos planes para mañana por la tarde y nuestros amigos están de excursión hoy, ¿Puedo hacer que Marlene le llame? – L e pregunta. - ¡Por supuesto! Marlene es muy querida. - Ella se levanta y estrechan sus manos y sale.

- ¿Dónde crees que vas? - Rebecca le dice ladrando cuando Lizette comienza a vestirse. - ¿Te dije que me iba a Berlín hoy o te olvidaste? - Le pregunta colocando sus manos en las caderas, Rebecca entrecierra los ojos. - ¿Tienes que…? Quiero decir que has estado fuera una semana y necesitamos un tiempo muy necesario juntas. - Le dice como en un ruego. - Deja de hacer pucheros. -  Lizette se sienta en la cama a su lado. - Vuelve a la cama. - Ella bromea colocando sus dedos en el botón superior de su camisa. - ¡No puedo! - Se pone de pie y entra en el cuarto de baño. Su teléfono celular en la mesilla de noche vibra anunciando un mensaje. - ¡Lizette! - Rebecca grita, ella no contesta, coge el teléfono y mira el mensaje que aparece en la pantalla. - ¿Cuándo llegas? – Lee, mira el nombre del remitente, Francisco. El nombre le es familiar, solo que no puede recordar por qué. Cierra los ojos y se estira, pero no encuentra respuesta. - ¡Lizette! - Ella grita de nuevo. - ¡Sí Rebecca! - Ella sale de lavarse el pelo. – ¡Un mensaje! - Le entrega el teléfono. - ¿Quién es Francisco? -  Interroga sabiendo que ya había preguntado sobre él con anterioridad. - Él es el fotógrafo que se usa la compañía en muchos de los desfiles que yo trabajo. – Responde de forma aleatoria inventando. - ¿Por qué? - Ella frunció el ceño. - Él es el que pregunta. ¿Por qué debería estar cuando llegues? Siempre has sido puntual. - Lizette traga saliva y trata de sonreír. - ¿No me digas que estás celosa? – Señala. - ¿Debería estarlo? - La respuesta es dura. - ¡Te amo! Francisco no significa nada para mí. -  Ella se inclina y besa sus labios. - Tengo que empacar. – Sonríe. - ¿Cuándo estarás en casa? - Lizette empieza a sacar su ropa del armario.   - El lunes por la tarde. Haremos un rodaje mañana después del desayuno con la cliente. Además me reuniré con una nueva agencia sobre un trabajo en Lisboa. – Le indica   mientras va doblando su ropa. Rebecca suspira profundamente. - Supongo que no puedo detenerte. - Lizette se dirige hacia Rebecca. - Ya sabes cómo es el trabajo y tengo que hacerlo mientras pueda. – Ella coloca la mano en el rostro de Rebecca acariciándolo. - Si alguien sabe acerca de la devoción y la dedicación al trabajo eres tú, Rebecca. - Ella cruza los brazos para mirarla con fijeza, suspira.   - ¡Lo sé! Solo estoy decepcionada, eso es todo, esperaba tener más tiempo contigo, no hemos tenido mucho últimamente y te echo de menos. - Se queja de la situación. - ¡Lo sé! Estaré de regreso el lunes y tendremos unos cuantos días. ¡Te lo prometo! Me tengo que ir mi taxi, estará aquí en breve. - Cierra su maleta y besa a Rebecca nuevamente.  Rebecca se asoma a la ventana para contemplar como se aleja. Se recuesta en la cama y cierra los ojos volviendo a dormirse y sueña. Esta vez es Marlene y su aventura. Despierta abruptamente y comienza a revolver su ropa buscando el teléfono. Envía un mensaje preguntando si puede venir al castillo. 

Rebecca se ducha y se viste. Lee una revista esperando su llegada. Marlene entra en el invernadero con algo de misterio. - ¡Gracias por venir! - Se sienta en el sofá frente a ella. - ¿Estás bien? – Pregunta algo sorprendida por la llamada. - Quería que supieras que decidí no contarle a Lizette sobre lo ocurrido. – Comienza a hablar.  - No podría dejarte preocupada por lo que crees que ella podría hacer o decir. Lo he pensado bien y tenemos que estar de acuerdo. Pero con el tiempo tendrás que decirle a Mark la verdad. -  Rebecca la agarra por la mano y Marlene se levanta y se pone a caminar. - Sé que no necesito decirte cómo duele la infidelidad y cuando mientes durante semanas o meses al respecto, no solo te lastimas sino que lastimas al otro. – Le recuerda con tristeza. – Se lo que será mejor para ti, se lo diré a Lizette porque es lo correcto, pero no, mientras estés aquí. - Afirma con una expresión triste sobre ella. - No puedo creer que haya dejado que esto suceda - Mira a Rebecca. -  Que te haya puesto en esta situación. - Continúa secándose los ojos. - Tengo que preguntarte cuál es tu motivo, quiero decir. ¿Por qué? - Marlene se aclara la garganta y se coloca de nuevo al lado de ella en el sofá. - Amo a mi marido y mentirle no es algo quiera hacer, diez años fue mucho tiempo sin verte, estaba feliz, encontré una carrera y nunca quise volver aquí. -  Rebecca la mira a los ojos. - Pensé que cuando él cogió tu caso, insistió en que sería bueno para ti que yo pudiera manejarlo. Nuestras vidas han cambiado, tú misma lo dijiste.- Hace una mueca y balbucea. - Pero lo único en que pensaba era en lo que echaba de menos estar contigo. – Continúa tartamudeando. - Estaba celosa de Lizette, tu vida con ella, fue mía una vez, pero no pude ver más allá de ti. De aquella infelicidad, supongo que se podría decir que fui egoísta y necesitaba encontrarme a mí misma. - Rebecca la detuvo. -  Puede que no lo sepas, pero es necesario que encuentres tu camino y seas feliz. ¿Qué puedo decir de mí? No puedo rogarte que te quedes en un lugar donde las cosas no estaban bien, miro hacia atrás y pienso en cómo te traté y cómo dejé que mi familia y el negocio me manejaran durante mucho tiempo hasta que me di cuenta que me había quedado sin nada. - Acaricia la cara de Marlene con la mano. -  Mark es un hombre afortunado dile que, desearía poder decirle lo ingeniosa, inteligente y talentosa que eres, si solo pudiera compartir con él lo que teníamos. -  Sonríe agradable. – Mark sabe qué clase de persona soy, él me ama y me trata como a una reina. - La mirada de Marlene torna sombría. - ¡Entonces! ¿Por qué estás aquí? Sé que te llamé y te pedí que hablásemos, pero ... - Las puntas de los dedos de Marlene se dirigen a los labios de Rebecca. - ¡Por favor Rebecca! -  Mira en la profundidad de sus ojos. - ¿Qué es lo que quieres de mí, Marlene? - Rebecca pregunta algo inquieta, sospecha que algo puede ocurrir y se enerva un poco. - ¿No es obvio? – Le responde en un susurro. Se miran un segundo y sus rostros se acercan, sus labios entran en contacto de un suave beso. Rebecca separa los labios de Marlene.  Apasionadas, gimen y gimen al  a besarse con intensidad y fuera de control. - ¡Te quiero! – Marlene acaricia los labios de Rebecca con los suyos. Ella se retira. - ¡No puedo! - Se levanta y se aleja de Marlene. - ¡Rebecca! – La llama caminando detrás de ella que se vuelve para mirarla. - ¿Sabes cómo me haces sentir? - Le pregunta tratando de aliviar la angustia de Rebecca. - Yo, sé cómo solía hacerte sentir, pero ahora… - Marlene deja de hablar poniendo sus labios en los suyos con impulso erótico y empieza a desnudarla. Rebecca aprieta su musculatura tratando de evitar sus avances. - ¡Por favor! Marlene detente. – La respiración se hace más profunda y jadeante. Los labios de Marlene acarician y besan el cuello de Rebecca, siente las pequeñas gotas de sudor que se elevan en su piel, mientras saborea su dulzura. - Te he echado mucho de menos. – Dice ella con suave tono abrazando su pecho con sus manos y acariciándola con lentitud. El corazón de Rebecca se acelera, un deseo salvaje de agarrar a Marlene la inunda y pone su mano en la nuca para atraerla hacia si. La punta de su lengua dibuja los labios de Marlene. Rebecca la desviste y se queda mirando con lujuria su carne desnuda. Rodea su cintura lentamente con las manos para entrar en el dormitorio y caer en la cama.
Rebecca yace, encima de ella, sus carnes fundidas en el calor de manos sensuales apasionadas y dedos serpenteando sobre deseos guiados, la lengua de Marlene viajó lenta y metódicamente hasta el montículo de Rebecca, deslizó su mano provocando en ella fuego, se mueve y se retuerce, gimiendo en éxtasis. Se mueve rápidamente sobre Marlene con sus manos y la acaricia haciéndola vibrar hasta que ella llega al clímax sin control.
Los rayos de sol que penetran a través de la ventana hacen que se formen sombras sobre la piel de los cuerpos desnudos de las dos mujeres envueltas firmemente en un abrazo. Marlene con su dedo traza el puente de la nariz de Rebecca. - ¿Qué estamos haciendo aquí? - Rebeca propone la pregunta a Marlene. - ¿Qué quieres decir? – Ella repregunta a su vez. - ¿Qué es esto para ti? - Rebecca preguntó. - No sé qué es esto en realidad. - Ella se vuelve algo adusta. - Dices que amas a tu marido, pero estás en mi cama. -  Marlene se incorpora y se frota la cara. - Debería vestirme e irme, Mark debe estar preguntándose dónde estoy. – Se levanta de la cama. - ¡No tan rápido! - Rebecca la agarra de la mano, Marlene se deja caer a su lado y se besan con sus lenguas entrelazadas en un momento perdido. – Me tengo que ir. - Se desprende de las manos de Rebecca. - ¡Marlene, por favor! - Ella se pone la camisa sin contestarla. - Tengo mucho que pensar. - Rebecca sale de la cama y se viste con su bata. - ¿Esto es sexo para ti? - Ella aborda el tema de nuevo. - Tengo que irme. – Agarra el bolso y sale por la puerta dejando a Rebecca en un momento tierno pero incierto. Rebecca se recuesta y se cubre en el mismo instante que siente una punzada en la pierna a causa de la rigidez. Rápidamente le escribe a Marlene un mensaje quejándose de mucho dolor, arroja su teléfono a la cama y suspira en voz alta sus pensamientos sobre Lizette y cómo la había engañado una vez más.
- ¡Marlene! - Elisabeth la llama cuando está a punto de salir por la puerta principal, - ¿Es por Rebecca que estés aquí temprano? - Ella mira a Elisabeth y duda con brevedad porque el teléfono chirria y lo saca del bolso. - ¡Eso es! Rebecca de nuevo tiene algo de rigidez, debo asegurarme de que está bien. - Ella tartamudea, Elisabeth la mira algo extrañada. - ¿Quería hablar contigo si tienes un momento? - Le pregunta, Marlene sonríe complaciente. - ¡Sí! - Ella se acerca a ella. - He hablado con Mark esta mañana y le pedí que acudan a cenar ésta la noche, tú y tus invitados, él me dijo que te preguntaría. - Marlene se queda en silencio y mira la pantalla para comprobar si ella tenía alguna llamada de él. - ¿Ha dicho eso? – Pregunta sorprendida. - Pero ya que estás aquí, creí oportuno preguntarte. – Se justifica Elisabeth. - Él no me ha preguntado. Creo que podemos, además el esposo de Grace, David, no ha visto el castillo, así que sí. – Le responde ella, volviendo al pasillo. - ¡Marlene! -  Elisabeth la detiene. - ¿A las Seis? – Ella le contesta con una afirmación.