Una separación necesaria

Una separación necesaria

martes, 23 de febrero de 2021

6. Mucho que pensar

Te quiero. Pero no a mi lado.

- ¡Si! Te quiero. Pero no a mi lado.- Con esta frase Laura manifiesta dos cosas distintas que Marian no alcanza a comprender; por un lado afirma que si está enamorada y en la segunda le declara que no pueden estar juntas. Tonta contradicción, piensa, es un sin sentido. Marian está satisfecha de la primera respuesta. La segunda le resulta un enigma.

- ¿Qué quieres decir con, no a mi lado? -  Pregunta intrigada. Laura vuelve a tomar aire.

– Me ha salido espontáneo, no lo he pensado así. Te quiero, de verdad, estoy enamorada. Mi hermano me lo hizo ver con claridad. Pero no sé a dónde voy, que es este sentimiento, no sé si realmente es lo que me espera en la vida. Ya te lo he dicho. Tengo un sin número de preguntas sin respuesta que necesito resolver. Mi familia, mi trabajo. Yo misma me muero de vergüenza de que me vean con una mujer como pareja. No puedo estar a tu lado… aún. Necesito tiempo, primero necesito responder a todas esas incógnitas, necesito saber quién soy. Es lo que trato de explicar. - Esta afirmación sorprende a Marian que reflexiona un instante.

- Dijiste que habías superado la negación, pero parece que no es así. Aún guardas cosas en tu interior que me hacen pensar que sigues, al menos una parte de ti, en esa fase. – Toma aire antes de seguir. - Eres Laura la recepcionista, relaciones públicas y otras muchísimas pequeñas cosas que haces y que todos apreciamos en la empresa. Como persona eres tímida y extraordinariamente tierna. Aprecias las buenas amistades, aunque creo que no debes tener muchas, eres familiar, afable y tratas a todo el mundo con respeto. Así podría seguir con muchas apreciaciones personales más. ¿Por qué te subestimas? - Esta bocanada de piropos deja callada a Laura. Sonríe con complacencia, mira a Marian con ternura.

Cualquiera diría que también estás enamorada. - Laura sorprende a Marian que, apoyada en la fría piedra de la columna, responde sin pensar, en voz baja y en un tono suave pero muy afectivo.

¡Claro que estoy enamorada! ¡Te quiero con todo mi corazón! Aquel beso abrió la caja de mis sentimientos. Y tengo que decirte que jamás, ninguna de las mujeres con quien he estado, me ha provocado un sentimiento tan fuerte como el que se ha despertado por ti. Has ocupado mi cabeza y mi corazón completamente. - Laura se siente entusiasmada. - Quisiera encontrar un rincón para besarte. Eres lo más bonito, interesante y enigmático que me ha pasado en la vida.  Y lucharé contigo lo que haga falta para que podamos estar juntas algún día. ¡Te quiero, sí! Pero deseo que estés a mi lado. - Marian vuelca su corazón sin pretenderlo. – ¡No va a ser fácil! Defender nuestro amor no lo va a ser ¡Seguro! Solo sé que lo superaremos por la fuerza del cariño y el deseo de estar juntas. Estoy en un momento en el que ya no puedo soportar estar sin ti. Echo de menos tus caricias, los momentos de ternura con que deleitarnos. Y esos besos robados o a escondidas en cualquier rincón. Necesito estar cerca de ti. Necesito pasar tiempo contigo y que estemos juntas todo lo posible. – Laura abre los ojos como dos platos. Por un momento siente la necesidad de decir algo hermoso también.

- ¡No sé que vi en ti! Desde el primer momento me encontré atrapada por la agradable sensación que tuve cuando te conocí. Para mí son tiempos difíciles, es un cambio radical en mi vida. Sin conocer la razón, percibí en tu persona el apoyo que solo dos almas gemelas pueden darse. – Durante unos instantes se miran a los ojos con el embeleso fijado en la expresión de sus rostros.

- ¿Sabes una cosa?... – Marian le dice con suave tono. – A mí, también me sorprendió que me enamorara de ti. Fue un flechazo el primer beso que me diste. Luego pensé que ya debía estar colada por ti sin sentirlo como una realidad. - Laura mira a sus ojos y le da un rápido y dulce beso. No se fija si en el entorno alguien las observa. Es un momento de éxtasis emocional y solo están ellas en el mundo. Se abrazan con fuerza y después vuelven a reflejar sus miradas la una en la otra con una sonrisa alegre.

 

Ambas están encantadas de conocer los sentimientos mutuos. Se cogen de la mano y reinician el camino. El resto del día lo disfrutan paseando por la ciudad vieja. Visitando todos y cada uno de los lugares interesantes de Compostela y los que a Marian le recuerdan su época de estudiante, como la tasca de su amigo Felipe que la recibe con alborozo al verla entrar en su local.

No hace falta seguir hablando de lo evidente, las miradas entre ellas son de lo más elocuentes. La sonrisa no se borra de sus rostros en todo el día. Cuando regresan, ya anochecido, de vuelta a casa lo hacen llenas de alegría y algunas compras compostelanas.

En el portal de Marian deben despedirse, pero no quieren. Le propone tomar un café arriba, en su casa, Laura declina la invitación.

- ¿Por qué? No pasará nada que no desees. No soy una loba. Solo tomar algo y besarnos, lo necesito. - Se lo pide como una niña pide un capricho.

- Yo también, pero no estoy segura. Te acompaño dentro del portal. - Laura no puede, es superior a sus fuerzas, la tentación de quedarse a solas con Marian la inquieta, mantiene ese miedo incontrolado, no se siente preparada para estar a solas con ella en la intimidad, no entra en sus planes ir más allá de los besos en las actuales circunstancias.

Marian abre el portal y entran hasta la puerta del ascensor, dejan las bolsas en el suelo. Marian comprueba que no hay nadie en la escalera y se cuelga del cuello de Laura literalmente. La besa con pasión y es correspondida con dulzura. Con sus bocas entrelazadas culminan un día que a las dos les ha parecido grandioso.

Llega el ascensor al bajo, allí permanece el tiempo que ellas tardan en separarse, miran dentro de sus ojos la una a la otra sonriendo.  - ¡Te quiero! - Susurra Marian al oído de Laura. - ¡Yo También! - Con un beso corto se despiden. Marian entra de espaldas en el ascensor con las bolsas cogidas en una mano y mirando a su nuevo amor salir hacia la calle. Mientras sube observa que camina también marcha atrás hacia el portón. Laura sale al exterior buscando el coche. Marian sale del ascensor con las bolsas. Entra en casa y las tira en la entrada. Corre a la balconada, llega justo en el momento que ve arrancar a Laura camino de su casa.

Se sienta y se acuna en la mecedora. Con una sonrisa de felicidad, gesticulando aspavientos y braceos sin control, baila liberando alegría por toda la casa. Recoge las compras y las guarda. Se ha quitado los zapatos y anda descalza. Cambia la ropa de calle por el pijama, se dirige a la cocina para prepararse algo de comer.

Mientras cena escucha música que procede del salón, el nocturno para piano de Chopin le suena celestial. De pronto suena el teléfono. 

- ¡Diga! - Dice con intriga.

- ¡Hola! - Responde Laura desde el otro lado, su voz le ilumina la cara.

- ¡Holaa! - Pronuncia en una exhalación de felicidad.

Ya te estoy echando de menos. - Le dice con voz dulce.

Yo a ti también. Es una pena que no te quedases, estaríamos cenando una rica tortilla francesa. -

- No puedo, de verdad. Es muy complicado. No quiero hacer algo de lo que pueda arrepentirme. Necesito ir paso a paso, estar segura de lo que hago. - Le explica con franqueza.

No debes preocuparte. Tú decides. - Muestra su conformidad.

– Algo que se me ha olvidado. Mañana en la oficina. Me aterra que demos señales. ¿Me explico? -   

- No te preocupes, haremos como siempre hemos hecho, comportarnos con normalidad. Nadie se ha dado cuenta que estábamos distantes, eso ha salido perfecto sin planearlo. Tranquilízate todo va a salir como debe ser. Ahora estamos bien. -

- Lo sé. Hemos pasado un día estupendo. ¿Verdad? - 

- Yo lo he pasado fenomenal, he regresado a casa más enamorada. ¡Te quiero! -

- No sospechaba que te habías enamorado también, solo que podía ser un… no sé.-

- Un entretenimiento, dilo sin miedo, a mí se me pasó por la cabeza que podía ser un capricho tuyo. ¡Por probar! Lo creía de veras. -

- Bueno te he llamado para que sepas que he llegado a casa sin problemas. -

- Me gusta. No había reparado en ello, pero gracias, ya sé que estás bien. Buenas noches cariño. -

- Buenas noches, amor. Soñaré contigo seguro. -

- ¡Y yo contigo! Un beso- Cuelgan al unísono. Marian maniobra su teléfono para añadir el número a la agenda del teléfono. – Tengo que poner una foto tuya en la pantalla. - Besa el teléfono con entusiasmo y lo deja en la mesilla.

 

El primer encuentro, a la mañana siguiente en la oficina, resulta esclarecedor para los más cercanos. Quique se fija que la cara de Marian tiene como un destello, un brillo especial que no mostraba últimamente.

Parece que te lo has pasado en grande en la boda. - Le comenta de forma inocente.

- ¿Boda? ¿Qué boda? - Recapacita un segundo. - ¡Ah! Perdona. Tenía la cabeza en otro sitio. ¡Si! Carmen y Paloma. Muy Bien. Me lo pasé en grande. Aunque mejor estuvo el Domingo. - Remata el comentario cuando aparece Laura en la puerta del despacho.

- ¿Qué pasó el Domingo? - Pregunta Quique. Laura llega a su espalda con unas carpetas en la mano, pone un gesto serio haciendo una mueca a Marian, que sonríe.

Pues me fui de excursión con una amiga y nos lo pasamos de rechupete. - Expresa con una pícara mirada hacia Laura que torna el gesto de su cara en grave.

- Pues me alegro. Ya va siendo hora de que pongas mejor cara, porque llevas unas semanas calentita. - Le espeta sin mala intención. Viéndola relajada cree oportuno hacer el apunte.  

- ¿Qué quieres decir? - Intrigada por el comentario.

Pues eso, que llevas unas semanas que no se te podía hablar. Siempre estabas como enfadada. Aquí nadie se lo explica. Si ahora estás bien nos alegramos todos.-  Se da la vuelta y se da de bruces con Laura. - ¿Verdad Laura, que ha estado algo insoportabilita? Contigo casi ni se hablaba. -  Se sorprende como en un susto.

- ¡Si, si! También lo he visto…-  Lo dice sin convencimiento, suena falso.

- ¿Veees?- Dice Quique sin percatarse de la situación de ambas mujeres, al dirigirse a Marian que sonríe. - ¡Hasta luego! Te la dejo para ti sola.- Quique no se da cuenta de la mirada de sobresalto de la recepcionista y abandona el despacho de Marian silbando. Laura y Marian se miran con incertidumbre.

¿Y tú decías que no se te había notado? ¿A ver qué hacemos ahora? - Comenta Laura con mucha seriedad y en voz baja. Marian sonríe con complacencia. - Y ¿Por qué le has contado lo de ayer? - Le dice con enfado.

No le he dicho nada, solo que me fui de excursión con una amiga. ¿Oíste que dijera algún nombre? -  A Laura le cuesta controlar las situaciones incómodas. A veces parece no tener sentido del humor cuando está molesta o se siente ridícula si percibe que le toman el pelo.

- ¡Ya! Pero no me ha hecho ninguna gracia. ¡Listilla! Toma tus papeles. - Le entrega una carpetilla repleta de documentos sobresaliendo por encima y que a buen seguro supone que Marian estará muy ocupada el resto del día. – Y haz el favor de no gastar bromas como esa. – Se acerca a su oído y en voz baja. - ¡Me muero por darte un beso! - Le dice. Marian se ríe de buena gana y Laura sale con un gesto cuasi de enfado y mirada pícara.

 

Un día muy trabajado, los lunes son siempre así. Normalmente todo sale sin dificultades mientras el gerente no mete las narices en las tareas de cada cual. Más que un apoyo termina siendo un estorbo, por su afán de querer controlarlo todo y por el poco respeto que guarda hacia los empleados. Don Fernando es el típico jefe que no sabe organizarse, ni siquiera con su apariencia es cuidadoso. Su despacho es un revoltijo de papeles y libros amontonados encima de la mesa, tiene varios teléfonos e intercomunicadores con lucecitas parpadeantes. A veces se queja de que no tiene buena comunicación con sus empleados, algo que solo explica su ruda forma de tratar a los demás. Aunque todos le respetan como gerente nadie le tiene por un líder en la empresa. Esa particularidad se la reparten a medias entre la directora de gestión, Marina, y Marian. Todo el personal acepta sus indicaciones sin problemas, circunstancia que no consigue el gerente. Cualquier orden o indicación suya es inmediatamente derivada hacia una de las dos mujeres antes de acometerla. Esto da la medida de la falta de liderazgo de Don Fernando. De su gestión hay pocas dudas, su competencia ha estado en entredicho en cuantiosas ocasiones. Tanto papel encima de la mesa, hay quien apuesta que son los mismos que fue colocando al inicio de su gestión y que ahí permanecen inalterables, mientras él, sigue sin resolver ninguno de los problemas por iniciativa propia, todos los han resuelto los demás y él va presumiendo y apuntándose el tanto.

 

Don Luis, el padre de Laura está sentado en la terraza leyendo una novela, que parece interminable por el grueso del libro. Levanta la vista al oír el ruido del motor de un coche que se acerca a la entrada. La puerta comienza a abrirse lenta hasta que permite el acceso del vehículo de Laura que regresa del trabajo. Se acerca a la puerta del garaje y para antes de entrar. Se apea, sube la escalera y se acerca a besar en la frente a su padre. - ¡Hola Papá! - Le dice con el rostro muy alegre, casi cantando.

- ¡Hola hija! Muy contenta te veo. ¿Te ha tocado la lotería o algo así? - Pregunta con curiosidad. Nota que en los últimos días Laura muestra un comportamiento radicalmente opuesto a las pasadas semanas. La veía seria y taciturna regresando del trabajo con un gesto algo triste, y en veinticuatro horas, su semblante ha cambiado de la noche al día. En el presente se muestra alegre con esa sonrisa que le llena la cara. Don Luis piensa que algo agradable le ha sucedido, algún acontecimiento le ha dado la vuelta a su talante. - ¿Te pasa algo? - Le dice.   Ella responde que no.

- Será la primavera y no, no me ha tocado la lotería. Ahora tengo prisa, he quedado con una amiga. - Le cuenta. Sin darle más explicaciones se introduce en la casa. A voz en grito saluda a su madre que debe deambular por algún rincón. Ella le contesta desde el fondo del cuarto donde está viendo la televisión. Laura se da una ducha y se prepara para acudir a la cita que ha mencionado a su padre. Ha quedado con Marian, y ya está nerviosa por salir. - ¡Hasta luego Papá! - Le dice al regresar al coche.

- ¡Hasta luego hija! ¡Que te diviertas! - Don Luis la mira al rostro con preocupación mientras ella le devuelve la mirada con una gran sonrisa. Semejante conducta le resulta, cuando menos, sorprendente. Laura no es de tener cambios de humor tan radicales, y menos de un día para otro. Nunca la ha visto tan expresiva como estos dos últimos días. Piensa que algo bueno le debe estar ocurriendo, aunque no sepa la causa.

Pocas fechas después sondea a su hijo Paco por si sabe algo de su hermana.

- ¿Por qué lo preguntas? -  Le responde preguntando.

Lleva varios días muy contenta. Todas las tardes se va con una amiga, dice, a pasear o a algún espectáculo. El domingo pasado desapareció durante todo el día, solo vino a dormir. No es habitual lo que está haciendo y estoy algo extrañado. ¿La has visto últimamente? - Le pregunta algo inquieto.

Estuve tomando una copa con ella hará unas semanas, más o menos…, no me acuerdo bien. - Paco no quiere contar nada de la conversación que tuvo con su hermana. Le parece un asunto muy personal que solo ella debe desvelar.

- ¿Y cómo estaba? - Pregunta Don Luis.

- ¡Bien! No la noté nada especial. Como siempre. - Trata de eludir cualquier comentario. Aunque conoce a su padre y no va a cejar hasta saber todo lo que suceda. Sabe que todo alrededor de Laura le preocupa.

- ¿Por qué me mientes? Hace dos semanas estaba más triste que una viuda reciente. -

- ¡Bueno! Yo no la vi mal. Me contó varias cosas que la preocupaban sobre el trabajo.- Paco sigue dando evasivas. Don Luis no ceja.

- ¿Qué problemas tan graves tenía que la afectaban tanto? - Paco piensa unos segundos antes de responder.

 - ¡Papá! No quiero mentirte, pero no puedo responderte a esa pregunta. Creo que lo oportuno es que sea ella quien te diga lo que realmente le preocupa. Si ahora está contenta, como dices, es que ya ha solucionado sus preocupaciones. Pero no puedo decirte nada. Tendrás que hablar con ella. -

 

Laura recoge a Marian en la puerta de su casa y rápidamente se dirigen hacia la playa de Orzán. Aparca en una de las calles cercanas y deciden dar un paseo por las inmediaciones. Por la acera que bordea la playa caminan despacio charlando. No buscan otra cosa que estar la una a lado de la otra, con algo más de intimidad que la formal del trabajo, intercambiar temas de sus vidas y de sus aspiraciones. De vez en cuando, cuándo ya ha oscurecido, se dan un beso en algún rincón fuera de la vista de los escasos transeúntes que a esas horas circulan por la calle. Durante días mantienen esta rutina al salir de sus tareas laborales. En ocasiones ni pasan por sus domicilios. Acuden a algún evento cultural o un espectáculo que una u otra, como mujeres algo cosmopolitas, piensan que es interesante acudir a ver o escuchar, en caso de algún concierto de música. Los fines de semana salen de excursión por las poblaciones cercanas a disfrutar del paisaje y charlar de lo que les preocupa y va sucediendo. Laura manifiesta sus temores constantemente. Marian trata de disiparlos con razones y fundamentos de solidez. Las relaciones sanas no se encuentran en el mercado, se aprenden a construir con herramientas que se van adquiriendo con la experiencia, hasta que, en uno de esos intentos sin darse cuenta, ya nos encontramos en medio de uno de esas relaciones bonitas que nos enseñan tanto y nos alimentan las ganas de ser felices. 

Conforme pasa el tiempo la implicación mutua va creciendo y también los contactos cariñosos entre ellas comienzan a ser más y más frecuentes, delicados y tiernos. Sin embargo, el contacto íntimo todavía no aparece, no hay sexo, nunca están a solas en lugares que potencialmente podrían llevar a ello, Laura se encarga de evitarlo. Todavía mantiene un miedo atroz a ese desconocido mundo del contacto carnal. Marian se preocupa, sobre todo después de llenarla de besos, su alma pide más, pero ha de contenerse. Le ha prometido que sería ella la que decidiera el momento adecuado de dar el paso. Eso no evita que lo esté deseando. Laura pone objeciones de forma sistemática, aunque va siendo algo más tolerante y va mostrando sutilezas afectivas muy positivas. Todo esto lo hablan en largas conversaciones.

Es irracional, lo sé. No puedo evitarlo, me asusta, no soy capaz de decidir si deseo hacer el amor contigo. Es algo que todavía está fuera de mi pensamiento. Sigo con miedos irracionales. Pero ¡Por favor! Ten paciencia, te quiero, todo llegará. Necesito encontrar ese momento, ese equilibrio personal que me de la seguridad que ahora no tengo y poder enfrentarme a mí misma con honestidad. - Marian asiente sin remedio. Va cogida del brazo de Laura mientras caminan. – Pensar en que me critiquen por estar con otra mujer me da pánico. Creo que eso hará que algo no esté bien conmigo. Tengo la sensación de que necesito la aprobación de los demás, en especial mi familia, para sentirme cómoda. No quiero sentirme culpable por algo que les afecte y no quiero que me vean como alguien despreciable. – Las dudas de Laura se van concretando. Este último pensamiento le recuerda a Marian la desagradable relación con su propia familia.

- Son muchas cosas a trabajar Laura. ¡Te comprendo! Es un camino difícil. - El mundo de las parejas del mismo sexo nunca ha sido fácil, mejor dicho, siempre ha sido muy difícil. La experiencia de Marian marca cierto contraste con Laura. El aprendizaje adquirido con el paso del tiempo le hace pensar con más pausa y sopesar las cosas con tranquilidad. Ella misma, hubo un tiempo que se sentía inferior al resto de los mortales, hasta que se dio cuenta que poseía otras cosas que nada tienen que ver con ser o no ser lesbiana, rescató sus valores personales. Sus virtudes, por así decirlo, fueron esas cualidades quienes le mostraron el camino y le hicieron recuperar la autoestima. La sexualidad es una parte importante de la personalidad, pero nunca es lo más relevante. Lo más importante es cómo se vea una de forma introspectiva.  Respira y recapacita mientras da un sorbo al café con leche. Se encuentran solas, sentadas en una terraza, al abrigo del aire contemplando como el mar se abate sobre la playa de Riazor. - ¡Escucha! Son las buenas cualidades que uno posee y sobre todo el potencial como individuo, los que te hacen una persona valiosa, no tu orientación sexual y afectiva. – Termina exponiendo Marian a una expectante Laura, que centra toda su atención en lo que Marian le está explicando.

Se levantan para volver al paseo, mientras caminan, ella mira hacia el suelo en un gesto reflexivo, guarda unos instantes de silencio.

- Me gustaría saber cómo se hace eso. ¿Tienes alguna fórmula escrita? – Pregunta con seriedad.

No hay fórmula secreta para la autoestima. Es algo que debes hacer en algún momento, necesitas reconocer tus cualidades y virtudes, a partir de ahí debes trabajarlas para darte cuenta lo buena que eres haciendo lo que haces. Ya te he expresado lo valioso que es tu trabajo en la empresa. Eso debe de enorgullecerte y hacer que tu autoestima sobresalga sobre otras cosas. Eso es lo que, a mi parecer, hace que cualquier persona viva a gusto consigo misma.

- Parece fácil desde tu perspectiva, a mí me resulta muy complicado verlo así. Toda esta revolución, porque es una revolución interior, me hace sentir como algo deprimida. Me veo como encerrada en una habitación en la que solo hay una puerta de salida pero que no quiero abrirla, me da mucho miedo, siquiera acercarme. No sé cómo enfrentarme a ello. – Laura se expresa con incertidumbre manifiesta.

- No te des por vencida de antemano, piensa en el valor de tu persona, en lo que haces, cual es el resultado y lo que estás consiguiendo a nivel humano… Ya te lo dije en Compostela: Eres una persona muy apreciada por todos los compañeros, porque siempre estás haciendo cosas que nos son útiles a los demás, y siempre con alegría. Nadie en su sano juicio dirá nada en contra de tus cualidades, todos las ensalzan a

diario, otra cosa es que tu no lo percibas así, digamos que por modestia o cualquier otra razón que ahora no se me ocurre. Pero no te quepa duda, eres muy valorada por todos.

- Me parece que te has enamorado de otra persona. Yo no me veo así. Sí es cierto, cumplo con mi trabajo, es lo que se me pide y por lo que me pagan, pero no lo veo como una expresión de cualidades o virtudes, es mi obligación. No creo que sea especial en eso.

- Estás equivocada, si eres especial, aunque ahora mi visión esté condicionada porque te quiero, te he observado como persona durante dos años antes de enamorarme de ti, y entiendo que mi opinión continúa siendo objetiva. Tienes un potencial que desconoces y que en algún momento despertará, no lo dudes.

- ¿Tan segura estás de mí? Eso es el amor que te confunde. – Responde Laura satisfecha de tanto halago.

- ¡Lo estoy! Y el amor no me confunde, me lo confirma. Ahora te conozco mejor y me siento segura de tus cualidades como persona. – Afirma Marian con seguridad que prosigue con su parrafada. – ¿Sabes una cosa? Antes que todo esto nos pasara, he estado pensando que a mí también me debió suceder algo parecido. Siempre te miraba con simpatía, y a veces me alegraba de tu presencia en la pecera. Nunca me paré a pensar en ti como una pareja romántica. Estabas ahí y yo no me daba cuenta que esa conexión mutua, de la que me hablaste, existía. He estado repasando nuestra relación antes del primer beso y… ¿Sabes qué? Me sentía atraída por ti y no me daba cuenta. Me gustabas, nuestro trato era magnífico, pero ni por un momento pensé que llegaría a enamorarme de ti. Y que tú lo hicieses, me parecía imposible. – Laura la mira incrédula.

- ¡Ya ves cómo es la vida! Te sorprende a la vuelta de la esquina. Yo todavía estoy atrapada en esa especie de perplejidad e incertidumbre. Solo sé que necesito de ti, no de tus cosas o tu trabajo. Es a ti a quien quiero. Solo necesito quitarme ese malestar de la duda y entonces creo que seré libre para entregarme completamente. –

- Nos hemos enamorado de verdad. Creo que nos vamos a entregar de corazón para apoyarnos y estar juntas, porque nos hemos elegido como pareja. No lo haremos complicado, no te voy a pedir que te etiquetes, ni voy a presionarte en ningún sentido, ni siquiera para salir del armario, si no lo quieres hacer. Solo te animo a que vivas con intensidad cada momento que estemos juntas y que disfrutes de tus emociones. -